La Fundación Española del Corazón en su
labor de trasladar a la sociedad en general el mensaje de la necesidad de prevenir los
factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, viene editando una serie de libros
divulgativos sobre estos temas, siendo éste el último en esta línea.
Cuanto mayor es el progreso de lo que
podríamos llamar cardiología diagnóstica y terapéutica, mayor importancia adquiere la
prevención. Esta prevención no debe confundirse con limitación o restricción en el
sentido negativo que este concepto pudiera tener. Todo lo contrario: la corrección de
ciertos hábitos nocivos para el corazón, llevan consigo una mejoría en la calidad de
vida y la adquisición de otros hábitos, como hacer ejercicio, pueden ser muy
satisfactorios.
La fisiología del ser humano está
programada para el ejercicio físico y no para el sedentarismo. El ejercicio no solamente
tiene un aspecto positivo sobre el corazón, sino también, cuando es adecuado, sobre el
sistema músculo-esquelético, sobre el metabolismo, efecto psíquico, etc.
Sin embargo, el ejercicio debe estar ajustado siempre a las condiciones físicas y
cardiovasculares de la persona que lo realiza para que no se invierta este efecto
beneficioso para convertirse en nocivo.
Si para la mente es fundamental que las
actividades del ser humano: sociales, laborales, etc., sean satisfactorias, para el cuerpo
el ejercicio físico tiene que estar adaptado para que sea beneficioso.
Ambas funciones
intelectuales y físicas pueden entonces complementarse y confluir en un efecto positivo
para la salud.
En este libro se revisan todos los aspectos
que relacionan ejercicio y corazón. El Dr. Maroto es uno de los cardiólogos que más han
trabajado en este tema con brillantes aportaciones desde hace muchos años. Él y la Dra.
de Pablo han sido capaces de mostrar de forma didáctica, clara, y por tanto muy
asequible, toda esta problemática, desde el papel del ejercicio en la prevención de las
enfermedades cardiovasculares, hasta la importancia del ejercicio para la rehabilitación
una vez que se ha presentado el proceso patológico, así como analizando las
posibilidades del ejercicio físico en las diferentes situaciones.
Estoy seguro que esta nueva contribución
de la Fundación Española del Corazón será útil para avanzar aún más hacia nuestro
objetivo, que no es otro que el de evitar en lo posible las enfermedades cardiovasculares
y ofrecer mejor calidad de vida a la población.
Quiero agradecer muy sinceramente en nombre
de la Fundación Española del Corazón al Dr. Maroto y a la Dra. de Pablo su
desinteresado trabajo al realizar este libro, a la Dra. M.a Ángeles Rabadán
su gestión y colaboración y a Laboratorios Abelló que, con su patrocinio, lo han hecho
posible. Más
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Cuando su corazón late,
bombea sangre hacia sus arterias y crea presión en ellas. Dicha presión es la que
consigue que la sangre circule por todo el cuerpo. Cada vez que le toman la tensión le
dan dos cifras. La primera de ellas registra la presión sistólica (aquella que se
produce en las arterias cuando late el corazón) y la segunda, la presión diastólica
(aquella que se registra cuando el corazón descansa entre latidos).
Si la presión sube por encima del límite normal --que se podría cifrar en 140/90 en los
adultos-- se produce lo que denominamos hipertensión arterial. Se trata de una
enfermedad muy común en todo el mundo que afecta a más del 20 por ciento de los adultos
entre 40 y 65 años y casi al 50 por ciento de las personas de más de 65 años. Pero uno
de sus mayores peligros es que se trata de un mal silencioso.
Usted puede tener la tensión arterial elevada y no mostrar síntomas. De ahí la
importancia de la prevención .Si no controla su tensión arterial, ésta puede afectar al
funcionamiento de su corazón, cerebro y riñones.
Recuerde que la hipertensión es un factor de riesgo cardiovascular y que aumenta el
peligro de derrame cerebral. Por eso conocer mejor qué es la hipertensión arterial y
controlarla es la mejor forma de prevenir y moderar sus consecuencias.
No olvide que, aunque los investigadores no han encontrado causas específicas de la
hipertensión, sí han determinado algunos factores de riesgo que hacen que usted pueda
ser más propenso a padecerla: obesidad, consumo elevado de sal, alcohol, tabaco, falta de
ejercicio y estrés son algunos de ellos. Tenga en cuenta que si posee antecedentes
familiares de hipertensión ha de aumentar la vigilancia sobre su tensión.
Por eso es fundamental que se realice controles periódicos y, de padecer hipertensión,
combine el tratamiento prescrito por su médico con una dieta más saludable y
ejercicio físico. Más información...
Más de 6 millones de visitas por pacientes se hacen
cada año debido a la fatiga, pero un porcentaje muy pequeño de estos casos pueden ser
atribuidos al síndrome de la fatiga crónica. La depresión, las
infecciones, el embarazo, el ejercicio y el estrés excesivo y extremo son algunos de los muchos factores
que pueden conducir a los sentimientos del agotamiento.
En muchos casos, la fatiga puede ser aliviada con
descanso adecuado. Cualquier persona que experimente la fatiga no explicada por más de un
mes debe ver a un médico; si ningún problema médico o psicológico es causa de la
fatiga y si ésta ha durado por más de seis meses y ha deteriorado las actividades
normales, los expertos definen la enfermedad como fatiga crónica no
explicada.
Los Centros para el Control de Enfermedades ahora han formulado criterios para diferenciar
aún más esta fatiga no explicada como síndrome de la fatiga crónica
(SFC, CFS en inglés) o la fatiga crónica idiopática, (idiopático significa que la causa no es
conocida). Varios médicos todavía creen que el SFC no es una enfermedad real, sino una
colección de síntomas que pueden ser atribuibles a diferentes causas, incluyendo
el (los)
virus, las condiciones médicas, respuestas a las enfermedades
psicológicas, o el (los) estrés.
Como identificar si se trata de fatiga crónica?
Como primer parámetro, la fatiga debe ser severa, o sea no ser aliviada por el reposo o
el descanso. Generalmente la enfermedad primero aparece como una infección vírica de las
vías respiratorias superiores marcada por una combinación de fiebre, dolor de
cabeza,
dolores musculares, mal de garganta, dolor de oído, congestión, flujo abundante de moco
por la nariz, tos, diarrea y fatiga.
Como segundo parámetro, para que una enfermedad sea diagnosticada como el síndrome de la
fatiga crónica, cuatro o más de los siguientes síntomas deben haber estado presente
durante más de seis meses: pérdida de la memoria de corto plazo o una grave
incapacidad para concentrarse en todo aquello que afecta el trabajo, la escuela u otras
actividades normales; mal de la garganta; ganglios linfáticos hinchados en el cuello o en
las axilas; músculo o dolor en varias articulaciones sin rojez o
hinchazón; cefaleas (dolores de cabeza) que no resemblan a aquellas
anteriores; no muy buen reposo; después
de cualquier esfuerzo, un cansancio que dura más de un día. Más
información...
Este folleto está dirigido a aquellas personas
cuyos riñones han dejado de funcionar. Este estado se llama insuficiencia renal crónica
terminal, o en inglés "end-stage renal disease" (ESRD). En la actualidad
hay tratamientos nuevos y mejorados para la ESRD que sustituyen la función de los
riñones sanos.
Conociendo cuáles son las alternativas de tratamiento, Ud. puede colaborar con su médico
para elegir la que más le beneficia. Cualquiera sea el tratamiento que Ud. elija,
experimentará algunos cambios en su vida. Pero con la ayuda de su equipo de atención
médica, de su familia y de sus amigos, podrá llevar una vida plena y activa. Este
folleto describe las alternativas de tratamiento: hemodiálisis, diálisis peritoneal y
trasplante de riñón. Informa sobre los pros y contras de cada uno. También trata de la
dieta y del pago del tratamiento.
Aconseja cómo colaborar con el médico, las enfermeras y los demás miembros de su equipo
de atención médica. Proporciona una lista de los grupos que ofrecen información y
servicios a los enfermos renales. También enumera las revistas, libros y folletos que Ud.
puede leer para obtener mayor información acerca del tratamiento. Ud. y su médico
colaborarán en la elección del tratamiento que más le conviene a Ud. Este folleto
podría ayudarlo en esta decisión.
Los riñones sanos limpian la sangre filtrando los desechos del cuerpo y el exceso de
agua. También producen hormonas que contribuyen a la fuerza de los huesos y a la salud de
la sangre. Cuando fallan ambos riñones, el cuerpo retiene líquido. La presión
sanguínea sube. Se acumulan desechos nocivos en el cuerpo. El cuerpo no produce
suficientes glóbulos rojos. Cuando esto sucede, es necesario recurrir a tratamiento para
sustituir el trabajo que los riñones ya no pueden cumplir. Entre las diferentes
alternativas para combatir este mal se encuentran: hemodiálisis, diálisis peritoneal y
transplante de riñón.
Hemodiálisis: La hemodiálisis es un procedimiento que limpia y
filtra la sangre. Saca del cuerpo los desechos nocivos y el exceso de sal y líquidos.
También controla la presión arterial y ayuda al cuerpo a mantener un equilibrio adecuado
de ciertas sustancias químicas, como son el potasio, el sodio y el cloruro. La
hemodiálisis se hace con un dializador, o sea un filtro especial para limpiar la sangre.
El dializador se conecta a una máquina.
Durante el tratamiento, la sangre circula por unos tubos y va al dializador. Este filtra
los desechos y el exceso de líquido. Luego la sangre purificada fluye por otro juego de
tubos y vuelve al cuerpo.
Diálisis peritoneal: La diálisis peritoneal es otro
procedimiento que reemplaza la función de los riñones. Saca el exceso de agua, los
desechos y las sustancias químicas del cuerpo. Este tipo de diálisis aprovecha el
revestimiento interior del abdomen para filtrar la sangre. Este revestimiento se llama la
membrana peritoneal. Una solución purificadora, llamada dializado (o solución para
diálisis), se hace entrar al abdomen por medio de un tubo especial.
Los líquidos, los desechos y las sustancias químicas pasan de los diminutos vasos
presentes en la membrana peritoneal al dializado. Después de varias horas, el dializado
se drena del abdomen y con él salen los desechos de la sangre. A continuación se vuelve
a llenar el abdomen con dializado fresco y el proceso de depuración se repite.Más
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El prolactinoma es un tumor
benigno de la glándula pituitaria que produce una hormona llamada prolactina; es el tipo
más común de tumor pituitario. Los síntomas del prolactinoma son causados por:
hiperprolactinemia o por presión del tumor en los tejidos circundantes. La prolactina
estimula a las glándulas mamarias para que produzcan leche durante el
embarazo. Luego del
parto, el nivel de prolactina en la madre cae a menos que ésta amamante a su hijo.
Cada vez que el bebé se alimenta, el nivel de prolactina aumenta para mantener la
producción de leche estable. En mujeres, una alta prolactinemia causa generalmente
infertilidad y cambios en el ciclo menstrual, en ciertas mujeres éste puede desaparecer
completamente. En otras mujeres, el ciclo menstrual puede alterarse o causar cambios en el
flujo menstrual. Algunas pacientes experimentan pérdida de libido; las relaciones
sexuales pueden resultar dolorosas por falta de lubricación vaginal.
En los hombres, el síntoma más común del prolactinoma es la impotencia. Como en los
hombres no existen indicadores tales como menstruación para indicar la presencia del
problema, retrasan su visita al médico hasta que experimentan cefaleas o problemas
visuales causados por la glándula pitiutaria que al agrandarse presiona los nervios
ópticos.
Los hombres pueden no reconocer la pérdida gradual de la función sexual o del
libido. Solamente luego del tratamiento algunos pacientes adquieren conciencia de sus problemas
sexuales. Más información...
La hipertensión arterial
(HTA) es el
principal factor de riesgo de morbimortalidad cardiovascular en la población mayor de 65
años. La prevalencia difiere; utilizando la clasificación de la OMS es el 50% de
los ancianos los que padece esta enfermedad; mientras que siguiendo las estadísticas del
JNC-V asciende al 70-75%. Igualmente en el rango de 60-70 años tiene una prevalencia del
50%, para subir al 65-70% en el rango de 70-80 años. En cuanto al sexo, existe un
predominio ligero del sexo femenino.
El 50% de la mortalidad global en el anciano depende de complicaciones cardiovasculares y
su riesgo es:
Insuficiencia cardíaca (R>6,9).
Cardiopatía isquémica (R>3,8).
Hipertrofia ventricular izquierda.
Accidentes cerebrovasculares en particular hemorrágicos (R>2,5).
Enfermedad vascular periférica.
Fallo renal.
A la hora de instaurar el tratamiento conviene tener en cuenta una serie de
características propias de las personas de edad avanzada, tales como:
-
1. Frecuencia de hipotensión ortostática.
-
2. Reducción del metabolismo hepático y renal.
-
3. Mayor incidencia y gravedad de los efectos secundarios.
-
4. Pacientes polimedicados.
Cuando se ha diagnosticado HTA, las opciones de tratamiento varían entre farmacológicas
y no farmacológicas:
1. Medidas no farmacológicas
Se recomendarán las misma normas que en otras personas que padezcan hipertensión.
2. Tratamiento farmacológico
Cada vez se tiende a comenzar tratamiento farmacológico con cifras tensionales más bajas
e incluso en los mayores de 80 años siempre individualizando el tratamiento teniendo en
cuenta las expectativas y calidad de vida.
Al seleccionar el tipo de fármaco antihipertensivo más adecuado en geriatría son
útiles las siguientes consideraciones:
Diuréticos. Han demostrado reducir la morbimortalidad
cardiovascular. Tienen una alta eficacia; sin embargo sus efectos indeseables pueden ser
más importantes en los ancianos y conviene realizar controles analíticos periódicos.
Betabloqueantes. Por sus efectos secundarios no suelen ser
fármacos de primera elección.
Calcioantagonistas. Dada su buena tolerancia y su perfil farmacológico tienen una
indicación clave en estos pacientes y probablemente sean los preferentes.
IECA. También muy prometedores, están especialmente indicados
cuando existe disfunción sistólica y cuando se asocia diabetes
mellitus.
Alfa-1-agonistas. Producen con frecuencia hipotensión
ortostática muy molesta en estas edades por lo que su uso queda muy restringido. Están
especialmente indicados cuando se asocia hipertrofia prostática.Home
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La
próstata es una glándula pequeña (cerca del tamaño de una nuez) que produce líquido
seminal.
Está ubicada arriba del recto y debajo de la vejiga, donde se almacena la orina. La
próstata rodea la uretra -el tubo que transporta la orina de la vejiga- al punto donde la
uretra se conecta a la vejiga.
La glándula de la próstata sigue creciendo durante la mayor parte de la vida de un
hombre. Una condición inocua llamada próstata "agrandada" o hipertrofia
prostática benigna, HPB [BPH, benign prostatic hypertrophy en inglés] es común en la
vida posterior, afectando a más de la mitad de los hombres en sus años 60 y hasta 90 por
ciento de los hombres en sus 70s y 80s.
La condición rara la vez se desarrolla antes de la edad de 40 años. La BPH no es
cancerosa, pero muchos afectados necesitan un tipo de tratamiento en algún punto de sus
vidas. En su estadio más inicial, el cáncer de la próstata puede no producir
signos o síntomas. Según crece el tumor, pueden notarse ciertos signos o síntomas,
incluyendo:
Dificultad con comenzar o terminar de orinar
Fuerza reducida de la corriente urinaria
Goteando a fines de orinar
Orinar doloroso o con ardor
Orinar frecuente, especialmente en la noche
Eyaculación dolorosa
Sangre en la orina
Una incapacidad para orinar
Dolor continuo en la espalda inferior, en la pelvis, o en los muslos superiores
En caso de experimentar estos síntomas, no dude en recurrir a su
médico.
Mas información...
La impotencia es la incapacidad constante de
mantener una erección suficiente para el coito. La impotencia puede ser la incapacidad
total para lograr la erección, la capacidad irregular para lograrla o una tendencia a
mantener únicamente erecciones breves; los expertos creen que entre 10 y 15 millones de
varones estadounidenses sufren de impotencia.
Generalmente la impotencia tiene una causa física, como enfermedad, lesión o efectos
colaterales de medicamentos. Cualquier trastorno que disminuye el flujo de sangre en el
pene puede causar impotencia. La causa más común de impotencia es el daño de las
arterias, el músculo liso y el tejido fibroso, a menudo como resultado de una enfermedad.
Las enfermedades--en especial diabetes, enfermedades de los riñones, alcoholismo
crónico, esclerosis múltiple, aterosclerosis y trastornos de los vasos
sanguíneos--causan aproximadamente el 70 por ciento de los casos de impotencia.
Entre 35 y 50 por ciento de los varones con diabetes experimentan impotencia. Las
intervenciones quirúrgicas (por ejemplo, de la próstata) pueden lesionar los nervios y
las arterias que están cerca del pene, lo cual causa impotencia. Las lesiones del
pene,
la médula espinal, la próstata, la vejiga urinaria y la pelvis pueden ocasionar
impotencia al lastimar nervios, músculo liso, arterias y tejido fibroso de los cuerpos
cavernosos. Asimismo, muchos medicamentos comunes producen impotencia como efecto
colateral. Entre ellos pueden mencionarse las medicinas para tratar la hipertensión, los
antihistamínicos, los antidepresores, los tranquilizantes, los supresores del apetito y
la cimetidina (que se usa para tratar la úlcera péptica).
La mayoría de los médicos sugieren que los tratamientos de la impotencia deben seguir un
trayecto que va de las medidas menos invasoras a las más invasoras. Esto significa que lo
que se considera en primer término es la interrupción de cualquier medicamento que pueda
ser nocivo.
En seguida vienen la psicoterapia y las modificaciones del comportamiento, seguidas de la
utilización de dispositivos de vacío, medicamentos por vía oral, medicamentos de
inyección local y dispositivos que se implantan quirúrgicamente (y, en casos raros,
intervenciones quirúrgicas de las venas y las arterias).
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