Powered by:

Cardiología Cirugía General Cirugía Infantil Cirugía Plástica y Estética Clínica Médica Clínica Médica Dermatología Diagnóstico por Imágenes Emergencias Endocrinología Gastroenterología Ginecología Hematología Enfermedades Infecciosas Neurología Pediatría Traumatología y Ortopedia Uronefrología
Clínica Médica

También en esta edición...

 

 

 

Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica

Actualización en Esquizofrenias

Introducción histórica. Las psicosis. Cuadro etiopatogénico (psicosis endógenas, exógenas y reactivas). Las psicosis esquizofrénicas. Incidencia y prevalencia. Clínica.

Complejos sintomáticos psicóticos agudos. Complejos sintomáticos psicóticos crónicos. El defecto esquizofrénico. Clasificaciones: clásica, DSM-IV, CIE-10, Leonhard, Crow, PANSS, Goldar. Teoría del neurodesarrollo (mal migración neuronal). Genética y esquizofrenia. Fosfolipasa cerebral. Teoría dopaminérgica, serotoninérgica, gabaérgicas etc. Pronóstico de las esquizofrenias. Psicosis puerperales. Tratamiento de las psicosis.
Palabra clave
Esquizofrenia

Summary

Historical introduction. The psychosis. Etiopathogenical syndrome (endogenous psychosis, exogenous, reactive). Schizophrenic psychosis. Incidence and prevalence. Clinic. Acute psychotic syndrome and chronic psychotic syndrome. Schizophrenic defect. Clasifications: DSM IV, CIE 10, Crow, PANSS, Goldar. Neurodevelopmental theory (disturbed neuronal migration). Genetic and schizophrenia. Cerebral phospholipasa. Dopaminergic, serotoninergic, glutamatergic theory. Prognosis. Puerperal psychosis. Treatment of schizophrenia.

Introducción histórica

En el siglo pasado, Kahlbaum (1874) y varios autores franceses como Georget (1820) y Baillarger (1854), describieron una multiplicidad de entidades nosológicas en las psicosis endógenas. En una postura opuesta estaban, también en la misma época, investigadores como Neumann y Griesinger, que postulaban una "psicosis única". Se inicia la lucha nosográfica del continuum vs. discontinuum, esto es, múltiples psicosis o una sola psicosis endógena. Hoy podríamos hablar de múltiples esquizofrenias o una sola locura. (hipernosografismo vs. oligonosografismo).

Emil Kraepelin
(1856-1925) propuso una división tajante, al establecer una separación entre el gran círculo de la dementia praecox con pronóstico desfavorable y el círculo de las formas maníaco-depresivas con pronóstico favorable. De esa manera se creó un concepto bimodal cuya dicotomía tiene vigencia hasta hoy. Kraepelin, a pesar de esa subdivisión, describió magistralmente muchas formas subordinadas en una sintomatología transversal y longitudinal, de manera tal que conservan su validez hasta la fecha. Eugen Bleuler (1911) retomó el concepto de la dementia praecox/enfermedad maníaco-depresiva, pero dejó totalmente de lado los aspectos del pronóstico. Fue así como mezcló una gran parte de las psicosis que Kraepelin había clasificado bajo la denominación de "enfermedad maníaco-depresiva", en el círculo de las enfermedades que denominó "esquizofrenias". En virtud de su actitud conciliadora frente al psicoanálisis de Freud, al que no rechazó tajantemente, fue bienvenido en la psiquiatría anglo-norteamericana, gracias a Adolf Mayer (1906). También su descripción sintomatológica transversal, que dejaba de lado el pronóstico, encontró allí un fácil acceso gracias a Mayer-Gross (1923).

Ahora se elaboran, cada tanto, esquemas de clasificación por medio de votación y consenso, y retornan a la psiquiatría como normas obligatorias en forma constante y regular. Detrás no se esconde un progreso de la investigación, sino que sólo se trata de cambios en la estructura nosográfica. Éstos no han surgido de la investigación de enfermos observados durante toda la vida, siendo, por lo tanto, clasificaciones cuestionables.

Simultáneamente con los esfuerzos de Kraepelin, Carl Wernicke (1848-1905) trabajó tanto en el campo de la neurología central (teoría de la afasia) como en el ámbito de la psiquiatría descriptiva. Para sus hallazgos psicopatológicos supuso una y otra vez una "teoría de la sejunción", es decir, una interrupción de las uniones entre sistemas neuronales que conducía a una pérdida de funciones o a una sobre o parafunción. Así, por ejemplo, la sejunción en el campo de la psicomotricidad lleva a la acinesia, a la hipercinesia o a la paracinesia. Wernicke reclamó lo mismo para el pensamiento y las perturbaciones de la voluntad. Por ello encontró en Karl Jaspers (1913), que lo señaló como "mitólogo del cerebro", a un poderoso opositor. Pero Jaspers había pasado por alto lo esencial en la investigación de Wernicke: la cuidadosa elaboración de los cuadros psicopatológicos tanto en el corte transversal como en el curso a largo plazo, que por su precisión tienen validez hasta el día de hoy. Wernicke acuñó, entre otros, conceptos tan duraderos como "acinesia", "hipercinesia", "psicosis de angustia", etc.

Su discípulo fue Karl Kleist (1879-1960).

Ya en la época de Wernicke habían aparecido diferencias con la teoría de Kraepelin y habían llevado a una cierta enemistad entre ambas personalidades. Esa enemistad se prolongó también en Karl Kleist, que nunca había aceptado una división tan grande como la que había sido emprendida por Kraepelin y sus seguidores. Kleist dudó también de la unidad de la enfermedad maníaco-depresiva. Finalmente separó del campo de la enfermedad maníaco-depresiva por una lado, y de una parte de las esquizofrenias, por el otro, a las denominadas hoy psicosis cicloides, punto central de la actual controversia clasificatoria.

Las psicosis

Dentro del grupo de las psicosis endógenas se ubican, fundamentalmente, las esquizofrenias por un lado y las psicosis maníaco-depresiva por el otro. Al lado de este gran círculo de las locuras endógenas, se ubica el de las psicosis exógenas u orgánicas, esto es, el de aquellas psicosis en donde sí se pueden precisar causas biológicas definidas. Al lado del círculo endógeno, también, se debe ubicarse otro gran grupo, el de los trastornos de personalidad. Estos últimos, en dos circunstancias bien definidas, pueden entran al mundo de la psicosis. En efecto, los psicópatas pueden entrar a la locura por períodos breves, o sea, pueden entrar y salir rápidamente como si fueran micropsicosis. 

Las denominadas psicosis reactivas breves son entradas a la locura, de muy breve duración, polimorfas, generalmente desencadenadas por factores reactivos, pero sólo pueden padecerlo determinadas estructuras anormales de la personalidad. Por otra parte también, estas personalidades anormales pueden de manera insidiosa y crónica, hacer un desarrollo delirante crónico, denominado paranoia. Por lo tanto, psicosis reactivas breves y paranoias son dos modalidades que tienen los psicópatas de entrar al círculo de las psicosis. La otra alternativa es, como para cualquier grupo psicopatológico, entrar en cualquiera de las posibilidades del grupo exógeno u orgánico como psicosis orgánicas breves (por ej. el consecutivo a la ingesta de drogas, abstinencias, epilepsias del lóbulo temporal, etc.

Los trastornos de la personalidad o psicopatías se ubican sobre el denominado grupo de las Neurosis, dando a entender que el primero es de hecho más grave, como trastorno, que este último. Simplemente esta ubicación implica menor gravedad del cuadro y alejamiento del círculo de las psicosis. También por lo mismo, se ubican, debajo de las psicosis exógenas, a las deficiencias mentales u oligofrenias. Este último grupo puede perfectamente neurotizarse, pueden ser además psicópatas, pueden entrar al círculo de las psicosis endógenas o mejor dicho éstas pueden organizarse sobre ellos. También pueden sufrir psicosis exógenas. 

Finalmente, están las demencias como gran grupo aparte, pero éstas, obviamente, pertenecen al círculo orgánico. Todos estos grupos psicopatológicos pueden ser inicialmente adictos y padecer alguna de las formas de psicosis exógenas. Es una forma esquemática de presentar el problema de la clínica psiquiátrica y una manera de iniciar su estudio y comprensión del problema diagnóstico y diagnóstico diferencial. Más información...

Atrás

Neurobiología del psicópata El enorme interés que ha despertado el psicópata en la Psiquiatría contemporánea tiene mucho que ver pricipalmente con dos factores. En primer lugar, el desarrollo que ha tomado la personología y, dentro de ella, sus bases neurobiológicas, las cuales, ha su vez, están vinculadas con el creciente conocimiento que tenemos del cerebro. El segundo aspecto tiene que ver con la potencial y actual destructividad que caracteriza la conducta de algunos psicópatas. La destructividad humana es un fenómeno apasionante y cuya comprensión y profundización se hace tanto más necesaria cuanto mayores son los recursos que las Ciencias del Hombre van poniendo a nuestra disposición. En especial, interesa tratar de establecer ciertos puntos en común entre las grandes manifestaciones de destructividad (guerras, genocidios, torturas, terrorismo ) algunas de los cuales podrían apoyarse en la Sociología, en la Antropología Filosófica y, tal vez, en la Historia; y, por otra parte, las manifestaciones individuales de destructividad humana, basadas en la Psicopatología, la Psicología y las Neurociencias. Tal recorrido tal vez nos permita hacer un repaso integrativo de tal modo que, guiándonos por la línea de la destructividad como comportamiento, nos deje entrever el nexo que vincula, en el hombre, el plano profundo de sus bases biológicas más elementales, hasta los más elevados y complejos de sus organizaciones sociales y de su axiología. Debido al alcance de este trabajo, sólo tomaremos algunas de las características clínicas y neurobiológicas de un tipo particular de personalidad vinculada a la destructividad: el psicópata.

Lorenz y los etólogos consideran la agresividad organizada como una adquisición evolutiva que se habría producido hace unos 40.000 años. Sería un ejemplo de "fusión" primitiva, en un sentido social, ya que para aumentar la eficacia de la agresión como arma de supervivencia, había que unirse y organizarse. Este vínculo parece tener relación con el "entusiasmo militante", forma especializada de agresión comunitaria, un entusiasmo que comparte el grupo contra un enemigo común. Su máxima expresión sería la "esquizofrenia de guerra", descrita por Kahler, y que necesita -en principio- considerar que el enemigo no es un semejante. Hay una especie de continuo en este modelo que va desde la agresión organizada en ejércitos regulares regidos por convenciones internacionales -cerebro límbico- a la crueldad y brutalidad inútil de las torturas y vejaciones de los campos de concentración y los genocidios -cerebro reptílico.

Como una de las corrientes de ideas más importantes en la comprensión del funcionamiento del cerebro en relación con la personalidad, mencionaremos la concepción de McLean.(37,38,39)

Un modelo de cerebro organizado jerárquicamente ya había sido propuesto por Hughlings Jackson. Para este famoso neurólogo inglés habría centros "superiores", "medios" e "inferiores", siendo estos últimos re-representados por los medios, y ambos re-representados por los superiores.

Contra esta posición surgió la de los antilocalizacionistas, que querían ver al cerebro como "una masa homogénea, como cualquier glándula, por ejemplo el hígado, con funciones homogéneamente distribuidas".

Head pensaba que las lesiones cerebrales interrumpían una serie de eventos que estaban secuenciados entre sí y que conducían a un resultado. Ahora se sabe que cada acto mental es consecuencia también de múltiples procesos paralelos y no solamente de una sola línea secuencial.

La visión actual de estos procesos es que existen tanto jerárquicos como paralelos. Las "últimas" estaciones reciben "inputs" tanto de las "intermedias" como de las "iniciales" confundiendo los esquema simplemente jerárquicos.

De este modo, el cerebro funciona como un sistema modular. A estos sistemas no lineales se les llama heterarquías. Éstas, aunque tienen muchos elementos de las jerarquías, son mucho más complejas. Desde que sus diferentes unidades pueden ser relativamente independientes, pueden interaccionar entre todas ellas, sin considerarse sus niveles de complejidad. Dada la inseparabilidad entre estructura y función, se puede pensar que el comportamiento funciona de la misma manera. Más información... Atrás

Tratamiento psiquiátrico del trastorno bipolar

El DSM-IV (1994) establece que el diagnóstico de Trastorno Bipolar (TB) se aplica sobre aquellos pacientes que presenten al menos un episodio de Manía. El episodio maníaco puede estar precedido por episodios depresivos, y el curso de la enfermedad marcado por la alternancia entre dichos episodios en la gran mayoría de los casos. Según la gravedad del episodio expansivo se clasifica como TB I a aquellos que presenten episodios maníacos y como TB II a aquellos que presenten episodios hipomaníacos. Además pueden presentarse episodios mixtos y oscilaciones distímicas subumbrales entre los episodios mayores. A los fines de esta publicación se utilizarán los subtipos clínicos reconocidos por el DSM-IV sin profundizar en las nuevas clasificaciones de los trastornos bipolares que amplían el espectro incorporando los temperamentos hipertímicos.

El TB I afecta al 0.8% de la población adulta y el TB II al 0.5%. El TB I afecta a hombres y mujeres por igual a diferencia del TB II que predomina entre las mujeres. Las edades pico de presentación de los primeros síntomas se encuentran comprendidas entre los 15-19 años principalmente seguida por la franja 20-24 años. Sin embargo, existe una brecha de 5 a 10 años entre la aparición de la enfermedad y la primer consulta o internación. En general el primer episodio en los hombres es maníaco mientras que en las mujeres es depresivo. El TB debe plantearse como diagnóstico diferencial ante cuadros depresivos recurrentes de apariencia unipolar que no respondan a la profilaxis antidepresiva puesto que a menudo numerosos episodios depresivos pueden preceder al episodio maníaco.

Los estudios epidemiológicos y genéticos sugieren que el TB es una entidad hereditaria, encontrándose altas tasas de trastornos del ánimo entre los familiares de primer grado de pacientes bipolares cuando se los ha comparado con grupos controles constituidos por familiares de pacientes no psiquiátricos. Sin embargo no se ha determinado aún con precisión el modo de herencia ni el grado en que los estresores ambientales participan en el desencadenamiento y desarrollo de la enfermedad. En la práctica clínica los antecedentes familiares de trastornos del ánimo, especialmente de TB, orientarán al diagnóstico de un trastorno del humor en aquellos pacientes de diagnóstico dudoso y con predominio de síntomas psicóticos.

En la evaluación del paciente bipolar el psiquiatra deberá considerar aspectos transversales y longitudinales. Con relación a los primeros, determinará si está ante un episodio maníaco, hipomaníaco, depresivo o mixto y luego valorará la presencia de síntomas psicóticos, deterioro cognitivo, riesgo de violencia, riesgo de suicidio, conductas impulsivas o desinhibidas, abuso de sustancias, como así también especificará el curso del episodio actual o el último más reciente. Además ponderará la capacidad del paciente de cuidarse a sí mismo, el grado de apoyo de la red que lo circunda, el estatus laboral y económico (y si éste ha sido comprometido por la evolución de la enfermedad) y en el caso de pacientes mujeres descartará embarazo o indagará sobre planes de concepción. De esta manera el psiquiatra contará con elementos para decidir el dispositivo de tratamiento (internación, hospital de día o consultorio ambulatorio) y abordar en forma racional la problemática del paciente y su familia. 

Esta evaluación será completada con el análisis de los aspectos longitudinales puesto que la enfermedad se caracteriza por un curso episódico con tendencia a la recurrencia aún a pesar del tratamiento. Por lo tanto deberá averiguar el número, tipo, duración e intensidad de los episodios; duración de los intervalos interepisódicos, grado de funcionamiento psicosocial y sintomático interepisódico y la respuesta a los distintos tratamientos. Ante todo episodio de depresión, deberá explorarse explícitamente antecedentes de episodios hipomaníacos o maníacos y la presencia de antecedentes familiares. Siguiendo los marcadores de curso del DSM-IV podrá especificarse si está presente la ciclación rápida, el patrón estacional y/o un curso longitudinal con o sin recuperación completa.

La historia natural de la enfermedad se caracteriza, en la mayoría de los casos, por la presentación de un episodio afectivo que remite permaneciendo el paciente asintomático varios años. Luego de dicho intervalo comienzan a hacerse frecuente la aparición de episodios de mayor intensidad, de mayor duración y con intervalos interepisódicos de menor duración. A menudo es frecuente encontrar en los sucesos circundantes al primer episodio un estresor precipitante que no se hallará en los episodios posteriores. Se ha calculado que, en promedio, un paciente presentará 10 episodios afectivos a lo largo de su vida alcanzando un patrón más estable luego de cinco años de enfermedad. Sin embargo, debe resaltarse que la variabilidad del curso es la característica saliente de esta entidad.

El TB produce una marcada morbilidad (ruptura familiar, desempleo, caída en su estatus económico) y mortalidad como lo muestra una tasa de suicidabilidad de hasta el 19%. El suicidio es más frecuente en hombres depresivos, siendo agravantes la comorbilidad con trastornos de ansiedad, el consumo de sustancias, y la presencia de estados disfóricos. Más información...

Atrás Hugo Marietan - On Line

Curso de Semiología Psiquiátrica

El diagnóstico en la patología mental

Utilizamos el diagnóstico para orientarnos ante la pregunta: ¿cuál es la enfermedad, alteración o trastorno por el cual nos consulta una persona?

Dice Kant que "orientarse significa, en el propio sentido de la palabra, encontrar a partir de una región celeste dada (dividimos el horizonte en cuatro regiones) las demás regiones y, sobre todo, el oriente. Pero para eso necesito absolutamente el sentimiento de una diferencia en mi propio sujeto, a saber, la diferencia entre la mano izquierda y la mano derecha. La orientación puede ser en el espacio, o sea matemáticamente, o en el pensamiento, o sea lógicamente. En este segundo caso la razón, en la determinación de su propio poder de juzgar, ya no se encuentra en situación de someter sus juicios a una máxima determinada según fundamentos objetivos, sino únicamente a un fundamento subjetivo de diferenciación. Orientarse en el pensamiento en general significa por lo tanto —dada la insuficiencia de los principios objetivos de la razón—, determinarse en el tener por verdadero según un principio subjetivo de la razón".

Como lo explica Kant, orientarse es buscar un punto de referencia. El diagnóstico es eso: buscar un punto de referencia, una guía lógica que nos dirija en nuestro accionar, hallar los fundamentos lógicos y consensuados por los que obramos (la tekné de los griegos), y es a través de los conocimientos que llegamos a una formulación que se llama diagnóstico (griego dia: a través de, y gnosis: conocimiento).

Esto lo hacemos siguiendo una secuencia:
1) El primer paso es agrupar los signos y síntomas con significación semiológica.
2) El segundo es relacionarlos con un síndrome.
3) El tercer paso es ubicar este síndrome respecto de una enfermedad que tenga un lugar en la nosología que estamos usando, de la que se vale el terapeuta. No es la misma la nosología del psicoanalista que la del psiquiatra clásico.

Nosografía y nosología

La nosografía (griego nósos, enfermedad, y graphé, descripción), es la descripción de la enfermedad en sí, cuáles elementos le son específicos y le dan identidad. Por ejemplo, el DSM-IV establece los siguientes criterios para la esquizofrenia tipo desorganizado (hebefrenia):

1) Ideas delirantes;
2) Alucinaciones;
3) Lenguaje desorganizado;
4) Comportamiento gravemente desorganizado;
5) Síntomas negativos;
6) Disfunción social/laboral.

Estos síntomas están acompañados por:

a) Lenguaje desorganizado, b) afectividad inapropiada o aplanada.

La nosología (griego nósos + lógos, estudio, tratado), es la ubicación de esta enfermedad respecto de un grupo de pertenencia. Da los caracteres distintivos y semejantes por los cuales una enfermedad pertenece a un grupo y no a otro, es decir, permite el diagnóstico diferencial y poder ubicarla en una clasificación.

En el ejemplo anterior, la hebefrenia, por compartir los primeros seis criterios, pertenece al grupo de las esquizofrenias, pero los criterios a) y b) la ubican en un tipo distinto al paranoide o al catatónico. Y a su vez, el grupo de las esquizofrenias posee características distintivas respecto del grupo de las demencias, las oligofrenias, etcétera.

Diagnóstico

El diagnóstico es una hipótesis de trabajo, una conjetura, una suposición.

Por ejemplo, presumimos que una persona padece una depresión cuando observamos una conducta inhibida, escuchamos un discurso con ideas pesimistas, y que nos informa sobre sus angustias, su falta de sentido del placer, la falta de ganas, la pérdida del apetito sexual y las alteraciones vegetativas. Y si estos síntomas tienen tal intensidad o duración, que los consideramos no normales (es decir, que no corresponde a la forma de reaccionar del promedio —criterio estadístico de normalidad—), inferimos que son señales indirectas de una patología subyacente.

La presencia de un criterio (por ejemplo, conducta inhibida) no nos conforma; por sí mismo no le damos entidad patológica, no tiene para nosotros completud y buscamos más información.

Esta inquietud intelectual nuestra deviene del aprendizaje nosológico: la depresión debe componerse de varios síntomas característicos. Por eso, al detectar uno de ellos, indagamos por los otros, y si los encontramos, estamos condicionados a etiquetar al problema como depresión: ya manejamos una hipótesis.

El poder observar los otros síntomas refuerza dicha hipótesis; estos son: discurso con ideación melancólica, anhedonia, disminución de la vitalidad, alteraciones vegetativas, etcétera.

Pero es sólo una hipótesis de trabajo, nunca es algo definitivo, menos en Psiquiatría, donde no tenemos diagnóstico de certeza, ya que no conocemos la etiología y la patogenia de los trastornos mentales. Más información...

Atrás Salud Pública de México Epidemiología del suicidio en México de 1970 a 1994 Objetivo: 
Presentar información sobre la evolución del suicidio como causa de muerte para la población mexicana durante el periodo de 1970 a 1994. 

Material y métodos 

Se utilizaron los datos provenientes de los certificados de defunción, así como los datos censales correspondientes a dicho periodo. Resultados. En 1970 hubo 554 defunciones por suicidio en toda la República Mexicana, para ambos sexos, y 2 603 en 1994. Durante este periodo la tasa de suicidios en ambos sexos pasó de 1.13 por 100 000 habitantes en 1970 a 2.89 por 100 000 habitantes en 1994, un aumento de 156%. 

Sin embargo, este aumento es más marcado para la población masculina, que vio su tasa incrementada en 169% durante el periodo, contra 98% para la población femenina. En términos de la mortalidad proporcional, el suicidio pasó del 0.11 al 0.62% de todas las defun- ciones. Los porcentajes de variación más elevados en la tasa de mortalidad por suicidio se observaron en las poblaciones de mayor edad (más de 65 años) y en la más joven (menor de 19 años). 

En el último año de la serie, 1994, las tasas más elevadas se observan en la población masculina, especialmente en la mayor de 65 años de edad. Existen diferencias en cuanto a las tasas re gistradas entre los distintos estados de la República Mexicana. En 1994 los estados de Tlaxcala y México registraron las tasas más bajas, mientras que las más altas se reportaron en Tabasco y Campeche. La parte sureste del país muestra las tasas más elevadas y la zona centro es la de menor incidencia.
 
Conclusiones

El suicidio es un problema ascendente en México, que afecta en forma principal a los hombres de edad avanzada. Sin embargo, incrementos recientes en la población adolescente y adulta joven enfatizan la necesidad de desarrollar programas de prevención y tratamiento en esta área. Más información...  

Atrás 

Escuela de Medicina - Universidad de Chile

Angustia de pánico

La angustia de pánico es un forma de ansiedad patológica, cuya manifestación principal son las crisis o ataques de pánico recurrentes. Estas se manifiestan como episodios de angustia de intensidad extrema, de inicio abrupto e inmotivado, con intensos síntomas físicos y emocionales, entre los cuales destacan molestias cardiorrespiratorias y neurovegetativas, asociadas a sensación de terror y descontrol inminente.

Aquellas personas que han experimentado uno de estos episodios, distinguen que se trata de una experiencia cualitativamente diferente de la ansiedad que previamente conocían, en cuanto a que no se trata solamente de una mayor intensidad de los síntomas. Esta diferencia esta dada por la percepción de que se ha perdido - o se está a punto de perder - la capacidad de ejercer control sobre sensaciones físicas y emocionales, que se viven como una amenaza real e inmediata a la supervivencia (sensación de muerte) o a la integridad psicológica (perder la razón o el control sobre la conducta).

En la angustia de pánico, a diferencia de la ansiedad normal y de otras formas de ansiedad patológica, se desarrolla una actitud de expectación constante, por temor a que las crisis se repitan, la cual se denomina ansiedad anticipatoria. Esta preocupación genera cambios en la conducta habitual de la persona afectada, quien intenta en lo posible evitar aquellas situaciones o lugares que asocia con mayores probabilidades de tener nuevos episodios, o bien con una mayor dificultad en huir o recibir ayuda oportuna en caso de una nueva crisis. A estos cambios de conducta se les llama agorafobia. En la población consultante, sólo alrededor de un 15% de las personas que experimentan crisis de pánico recurrentes no desarrolla estas conductas de evitación fóbica.

La angustia de pánico es, por tanto, una forma particularmente grave de ansiedad patológica, cuyos elementos más característicos son las crisis recurrentes de pánico, la ansiedad anticipatoria y las conductas de evitación fóbica. 
Más información...  

Atrás

Contribución de los antidepresivos y reguladores del humor al conocimiento de las bases neurobiológicas de los trastornos afectivos

La era de la psicofarmacología moderna comienza, para algunos autores, a finales de la década de los cuarenta, con la publicación de la eficacia antimaníaca del litio por John F. Cade, en 1949. El estudio de Cade, publicado en la revista The Medical Journal of Australia, con el título "Lithium Salts in the Treatment of Psychotic Excitement"1, es, además, el punto de inicio del actual arsenal farmacológico, dentro del campo de los trastornos afectivos. De hecho, aún en la actualidad, las sales de litio son consideradas por la Guía Práctica de la A.P.A (Asociación de Psiquiatría Americana) como "el tratamiento farmacológico de primera elección para los pacientes con trastorno bipolar". Por su parte, en la década de los cincuenta, asistimos al nacimiento de lo que se ha dado en denominar la "revolución psicofarmacológica", con la introducción de los tres grandes grupos farmacológicos aún hoy vigentes: los neurolépticos, los antidepresivos tricíclicos (ADTs) e inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs) y las benzodiazepinas. 

Aunque el descubrimiento de las propiedades psicoactivas de estos primeros fármacos hay que enmarcarlo en el más puro azar, en la actualidad, los nuevos psicofármacos son diseñados con una cierta racionalidad científica, intentando utilizar los supuestos mecanismos de acción de los fármacos de antaño. En relación con los fármacos antidepresivos disponibles hasta el momento, los mecanismos de acción predominantes que se han explorado durante estos cuarenta años se han basado en la modificación del funcionalismo de las monoaminas: noradrenalina o serotonina. Quizá éste sea el hecho que condiciona una eficacia antidepresiva similar de todos los agentes disponibles, no superando el 70 % de los pacientes, y que determina, para todos ellos, un inicio de acción lento, generalmente superior a las dos semanas. De hecho, actualmente se piensa que este retraso en el inicio de la actividad antidepresiva sea consecuente a la activación de una serie de reacciones bioquímicas intracelulares, que acabarían modificando la expresión génica de las neuronas. 

Con respecto a los reguladores del humor, las sales de litio han constituido, y aún constituyen, como se ha comentado, el pilar farmacológico básico para el tratamiento del trastorno maníaco-depresivo. En el organismo humano, el litio se encuentra a unas concentraciones séricas del orden de 10 a 40 mcg/l, aunque aún se desconoce su función fisiológica y el mecanismo de acción como regulador del humor. La dificultad para esclarecer su mecanismo de acción puede deberse a que, contrariamente a lo que acontece con los antidepresivos, el litio y otros reguladores del humor no afectan la densidad de los receptores de neurotransmisores. En este sentido, se sabe que el litio es capaz de influir sobre una serie de procesos fisiológicos y muchos de estos efectos se han intentado relacionar con su acción terapéutica o tóxica.

El conocimiento del mecanismo de acción de este ion tropieza con diversos inconvenientes añadidos al estudio del mecanismo de acción de los antidepresivos. El primero viene dado por el desconocimiento de la fisiopatología de la enfermedad maníaco depresiva, así como por la inexistencia de un modelo animal homologado de esta patología. Otro escollo lo constituye la tendencia a asumir una sola causa como responsable de una enfermedad, lo que, al menos en psicopatología, puede representar la falacia del "simplismo"2. En realidad, los datos científicos actuales hablan de la enfermedad maníaco depresiva como la manifestación de una disregulación de diversas vías funcionales, más que de un trastorno con una base fisiopatológica única3. Por otra parte, muchos de los estudios realizados con el litio presentan limitaciones experimentales: efectos agudos versus crónicos, empleo de concentraciones de litio incompatibles con las que resultan eficaces en la clínica, utilización de agonistas y antagonistas no específicos, examen de una vía de neurotransmisión y exclusión de las restantes, extrapolación de datos clínicos periféricos al sistema nervioso central (SNC) e imposibilidad de corroborar determinados efectos, que dificultan en gran manera la interpretación de los resultados4. Por último, hay que resaltar que el litio parece ser una sustancia capaz de actuar simultáneamente sobre varios sistemas hiperactivados, sin afectar a otros sistemas normofuncionantes, lo cual añade una dificultad adicional a su comprensión.

En la actualidad, un objetivo prioritario para la neuropsicofarmacología es descubrir, con precisión, la naturaleza y los circuitos responsables de las modificaciones del funcionamiento neuronal que llevan a los trastornos afectivos, así como los mecanismos de adaptación que ponen en marcha los fármacos para corregir y normalizar las alteraciones conductuales, cognitivas, afectivas y neurovegetativas observadas en estos cuadros. Para ello, la investigación no debe limitarse a los mecanismos aminérgicos clásicos (recaptación y metabolización) o más modernos (mecanismos receptoriales), sino que debe explorar otros conocimientos, que la bioquímica y la biología molecular están constantemente aportando. Algunos de los conocimientos más recientes sobre estos mecanismos se exponen y discuten en este trabajo, en el que se contemplan los antidepresivos como un conjunto homogéneo de fármacos, cuyas diferencias en sus acciones bioquímicas se analizan puntualmente, y se describe el mecanismo de acción del litio, como prototipo de los reguladores del humor. Más información...  

Atrás Tratamiento farmacológico del trastorno obsesivo-compulsivo El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se ha ido convirtiendo en una de las entidades que despierta más atención, tanto por parte de los clínicos como de los investigadores. 

A pesar de la cierta confusión relativa a su clasificación, es posible designar ciertos sintamos como obsesiones y compulsiones, y distinguirlos de otras manifestaciones clínicas por sus características específicas. La observación directa de los propios fenómenos proporciona la mejor forma de definir estos dos síntomas.

En el DSM-IV se explica la distinción entre obsesiones y compulsiones, que se definen a lo largo de líneas funcionales que son mucho más relevantes para el tratamiento. Una obsesión es un pensamiento repetitivo e intruso, un impulso o una imagen que causan una ansiedad o malestar notables, mientras que una compulsión es un comportamiento repetitivo y estereotipado o un acto mental dirigido a reducir la ansiedad2. Por tanto los pensamientos pueden considerarse obsesiones o compulsiones cognoscitivas según si provocan ansiedad o la reducen.

Este trastorno destaca entre otras cosas por la estabilidad de su clínica, su aparición precoz, la tendencia a la cronicidad y gravedad de su sintomatología, la escasa respuesta a placebo y otras características que lo hacen netamente diferente a otros trastornos psiquiátricos. 

Se ha discutido mucho sobre su ubicación entre los trastornos por ansiedad. Aunque no encaja perfectamente en este grupo, la ansiedad es uno de los síntomas predominantes, sin embargo es diferente de otros trastornos por ansiedad, y puede estar relacionado con este espectro de entidades, según la fenomenología, el curso, la historia familiar, la respuesta al tratamiento y posiblemente la etiología (p. ej. Trastorno de Tics, Trastorno Dismórfico corporal, Hipocondría, Tricotilomanía).

Los criterios diagnósticos para el diagnóstico de Trastorno obsesivo compulsivo:

Se cumple para las obsesiones y las compulsiones:
Las obsesiones se definen por:

Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar. 
los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real. 
la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos. 
la persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos como en la inserción del pensamiento). 

Las compulsiones se definen por:

comportamientos p. ej. lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (p. ej., rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente. 
el objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento negativo; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos. 
En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. Nota: Este punto no es aplicable en los niños. 
Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales o su vida social. 

Si hay otro trastorno en el Eje I, el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (p. ej. preocupaciones por la comida en un trastorno alimentario, arranque de cabellos en la tricotilomanía, inquietud por la propia apariencia en el trastorno dismórfico corporal, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar padeciendo una grave enfermedad en la hipocondría, preocupación por las necesidades o fantasías sexuales en una parafilia o sentimientos repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor). 

El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej. drogas, fármacos) o de una enfermedad médica. 
A raíz de estudios epidemiológicos realizados en Estados Unidos, se va ampliando el campo de diagnóstico. Estos estudios atribuyen una prevalencia mucho más alta de la estimada hasta entonces3, a partir de casos detectados en la comunidad. En este medio, se van incluyendo en los criterios de diagnóstico y consensos de tratamiento enfermos menos graves y posiblemente más relacionados con lo "obsesivoide" que con la auténtica neurosis obsesiva nuclear. Los resultados obtenidos con estas muestras clínicas son diferentes, tanto respecto al dato citado de la escasa respuesta al placebo, como en los hallazgos procedentes de la investigación neuroquímica. En opinión de los psiquiatras europeos4, existe ambigüedad y pérdida de precisión en estos planteamientos. 

Con todo, la opinión general desde los años ochenta y sobre todo en la última década muestra al TOC como una enfermedad relativamente prevalente5 con un pronóstico bastante bueno, y su patogénesis psicobiológica está empezando a desarrollarse, poniéndose de manifiesto la hipótesis serotoninérgica6. Esta teoría está basada en la observación de que la clomipramina es efectiva en su tratamiento y se ha propuesto que existiría una respuesta excesiva a la serotonina en el desarrollo del trastorno y que la administración crónica de drogas daría como resultado la normalización (down-regulation) de los receptores de serotonina7. 
Más información... 

Atrás

 


Tiene el placer de anunciar la apertura a inscripción para el 2º Simposio Internacional Anual y Programa de Entrenamiento sobre el uso de hCG para el Tratamiento de la Obesidad y Morbilidades Asociadas. Click aquí..

 

Nuestro nuevo sitio completamente actualizado sobre el uso de la Gonadotrofina Coriónica
para el tratamiento de la obesidad

http://oralhcg.com

Nuestro sitio anterior

Investigación y capacitación en el método de hCG (Gonadotrofina Coriónica) oral para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso


Condiciones de Uso

  Inicio | Autorizaciones | Biblioteca | Búsqueda en Indexmedico | Artículos interesantes para profesionales | AyudaContenido para profesionales| Ediciones para profesionales | Ediciones para el público | Foro de discusión | Hospitales de Iberoamérica | Indexmedico JournalAcerca de Indexmedico  | Inscripción - Profesionales | Inscripción - Público | Journals | Medline | Opinión - Profesionales Opinión - Público | Publicidad |  RevistasServicios de Contenido | Sobrepeso |

Para consultas y comentarios


Copyright © 1994-2007 Indexmedico e InterSol, Inc. - Todos los derechos reservados.
Revisado:01/07/2008