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Se denomina traumatismo craneoencefálico
(TCE) a todo impacto violento recibido en la región craneal y facial.
La mayoría suele ser leves, pero
entre las muertes por accidentes de tráfico la mayoría se debe a
lesiones en la cabeza. Las lesiones de esta región corporal son más
graves puesto que contienen centros vitales, con gran riesgo para la
vida o para la aparición de graves secuelas.
Clasificación
Primero hay que diferenciar entre
lesiones craneales y lesiones cerebrales, siendo las segundas más
importantes. Desde un punto de vista clínico pueden clasificarse en:
- TCE sin fractura craneal. Es
el tipo de TCE más frecuente, siendo generalmente de carácter
banal, sobre todo si no se acompaña de pérdida de conciencia
transitoria ni de alteraciones neurológicas en la exploración
inicial.
- TCE con fractura craneal
asociada, que a su vez puede ser:
- Fractura
lineal. Se debe a
una deformación elástica del cráneo. Representa el 80% de las
fracturas craneales. No requiere tratamiento específico, aunque
debe alertar al clínico respecto a la intensidad del traumatismo
craneal.
- Fractura con
hundimiento.
Existe una depresión de un fragmento óseo del grosor del cráneo.
Puede ser:
- Simple o
cerrada, cuando el
cuero cabelludo que recubre la fractura permanece intacto.
- Compuesta o
abierta, cuando
el cuero cabelludo está lacerado. Representa el 80% de las
fracturas con hundimiento. Según su causa y aspecto se divide en:
perforantes, penetrantes asociadas a fracturas lineales o con
minutas.
- Pueden asociarse a laceración de la
duramadre, que constituye una puerta de entrada para la
infección.
Requieren rápido desbridamiento y elevación quirúrgica.
-
Desde un punto de vista patológico,
pueden existir tres tipos fundamentales de lesiones cerebrales:
- Conmoción cerebral o concusión.
Afectación caracterizada cínicamente por una breve pérdida de
conciencia, con un corto período de amnesia seguida de una
recuperación rápida y total, sin ningún signo neurológico
focal. Se producen lesiones por estiramiento de los tractos
axonales de la sustancia blanca, con pérdida reversible de su
función, responsables de la pérdida de conciencia transitoria.
- Contusión
cerebral. El
contacto entre la superficie cerebral y el interior del cráneo da
lugar a contusiones, sobre todo en los polos frontales y
temporales, que abarcan desde una simple magulladura en una pequeña
área cortical, hasta lesiones extensas, a menudo hemorrágicas,
de gran parte de la superficie cerebral, con daño de la sustancia
blanca y el mesencéfalo. Clínicamente se traduce como alteración
de la conciencia, desde confusión, inquietud y delirio a grados
variables de coma.
- Lesión cerebral difusa.
(Lesión difusa de la sustancia blanca).
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Rev Med Uruguay 1997; 13: 4-11
Se presenta una serie de 500
pacientes asistidos por traumatismo encéfalocraneano (TEC) leve y
estudiados tomográficamente. Sólo se incluyeron pacientes con un
puntaje de 14 o 15 en la escala de Glasgow. Se evidenciaron lesiones
intracraneanas en 9% de los casos y fueron operados 12 pacientes. Ningún
paciente falleció y 498 tuvieron buen resultado. Se analizan y
comparan series publicadas.
Se pudo lograr la detección precoz de lesiones intracraneanas,
potencialmente quirúrgicas, en todos los casos. Se logró una
"mortalidad cero" en
este tipo de pacientes.
Todos los pacientes que consultan por TEC, deben ser estudiados con
tomografía computada de cráneo en forma urgente.
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Accidente cerebrovascular
(ACV) o Ictus
es la interrupción real del aporte sanguíneo a una parte del
cerebro, que da lugar a isquemia y muerte tisular de esa región
cerebral y a las consiguientes deficiencias neurológicas.
II.
Etiología del ACV.
Podemos distinguir, atendiendo a su etiología, entre
dos tipos de ACV:
1. ACV isquémico.
El ACV isquémico se produce por la reducción del
flujo sangíneo cerebral. Esta reducción del flujo tiene tre
causas principales:
-
Trombosis.
-
Embolia.
-
Reducción sistémica de la presión
arterial
2. ACV hemorrágico
Los ACV hemorrágicos son el resultado de la rotura
de un vaso sanguíneo, de forma repentina por lo general, que daña
o destruye las neuronas en la zona de la hemorragia, dando lugar a una
intensa afectación neurológica.
Hemorragias
intracerebrales
La causa más frecuente de este tipo de hemorragias
es una hipertensión mal controlada que deteriora los vasos
cerebrales localizados principalmente en ganglios basales, tálamo,
cerebelo y tronco del encéfalo. Las hemorragias intracerebrales
pueden ser también secundarias a tratamientos con anticoagulantes,
trastornos hemorrágicos y traumatismos.
La hemorragia intracerebral puede provocar un aumento
de la PIC con sus correspondientes signos y síntomas.
Hemorragias
subaracnoideas
Se deben, por lo general, a la rotura de
aneurismas
intracraneales, consecuencia normalmente de la realización de una
actividad donde la sangre pasa a gran presión desde el vaso sanguíneo
al espacio subaracnoideo. La hemoragia cesa al formarse un coágulo,
que se degrada y es absorbido a las tres semanas.
Otra causa puede ser una hemorragia intracraneal que sangra en el
espacio subaracnoideo.
Las posibles complicaciones de las HSA son las
recidivas, el edema cerebral y la hidrocefalia. Otra grave complicación
es el vasospasmo cerebral.
Hipervínculo
externo no disponible
La característica distintiva de la MG es la debilidad muscular variable, la
cual aumenta con el uso del músculo dado y mejora a su vez con el descanso del
mismo. El tipo de músculo afectado en ésta condición se conoce como músculo
voluntario o músculo estriado (esqueletal). Los músculos involuntarios, tales
como el corazón, el músculo liso de los intestinos y los vasos sanguíneos, así
como el útero, no se afectan con la MG.
Los músculos que se usan todo el tiempo, tales como los seis músculos que
mueven el ojo y aquellos que mantienen los párpados abiertos se afectan con
frecuencia, pero no siempre. En algunos casos se afectan de manera selectiva los
músculos que crean las expresiones faciales, los que hacen sonreír y los que
se usan para hablar, masticar o tragar. ¡No nos damos cuenta de lo mucho que
los necesitamos hasta que dejan de funcionar!
Otros músculos que se afectan son los músculos del cuello y las extremidades. A pesar de que la MG se considera
indolora, son comunes los
dolores de cuello y de cabeza debido a espasmos musculares ocasionados por la
debilidad de los músculos localizados en esta área.
A diferencia de otras condiciones neuromusculares, la debilidad en las
extremidades causada por la MG no es simétrica, es decir, frecuentemente un
lado del cuerpo está más débil que el otro. La debilidad en los hombros es
evidente cuando se tienen problemas al levantar los brazos para peinarse,
lavarse el cabello, afeitarse o aplicarse maquillaje. El abrir frascos (o
envases de medicinas a prueba de niños) puede ser dificil debido a la debilidad
de las manos, y en ocasiones aún el ponerse de pie o caminar puede resultar
difícil.
La parte "grave" de la miastenia es especialmente evidente cuando
se afectan los músculos responsables de la respiración. Si el paciente
presenta dificultad para respirar o toser, se le considera en crisis, en
éstos casos, el uso de un respirador mecánico puede ser necesario. Estas
crisis pueden ser miasténicas (cuando la condición o enfermedad se agrava) o colinérgicas
(debidas a demasiada anticolinesterasa, ver bajo
"Tratamiento a Corto Plazo"). De cualquier manera el manejo para ambos
tipos de crisis es idéntico. Los pacientes con dificultad para hablar o tragar
son los más propensos a tener problemas con la respiración; usualmente antes de que una crisis ocurra se presentan señales tales como dificultad progresiva
al hablar, tragar o respirar.
La MG se manifiesta de manera diferente en cada paciente. Algunas personas
presentan solamente miastenia ocular, en la cual se afectan los músculos de
los ojos y párpados. Otros pacientes presentan principalmente dificultad al
hablar o tragar. En raras ocasiones la MG se manifiesta de manera generalizada,
afectando varios grupos musculares. La característica principal de la
enfermedad es la fatiga muscular específica, no es frecuente que un paciente de
MG se queje de debilidad muscular general, y las sensaciones en la piel son
normales.
De los pacientes que manifiestan la MG inicialmente en su variedad ocular,
solo en el 15% de los casos la enfermedad permanece confinada a los músculos
oculares. Aproximadamente la mitad de los pacientes presentan síntomas de MG en
otros grupos musculares dentro del primer año de haber aparecido la enfermedad.
Luego de dos años, la cantidad se eleva al 80%. El progreso de la enfermedad se
estabiliza entre los siete y ocho años luego de haber aparecido, y tiende a no
ser progresiva, a pesar de que la severidad de la enfermedad puede variar de
hora a hora y de día a día. El paciente típico que no está bajo tratamiento
puede sentirse fuerte después de una noche de sueño o de una siesta, pero según
progresa el día la debilidad regresa. A pesar de que la MG puede ser fatal si
una crisis respiratoria no es atendida inmediatamente, con los cuidados
adecuados, el paciente tiene una expectativa de vida normal.
La miastenia grave se encuentra en todo el mundo y se presenta en cualquier
grupo étnico. La enfermedad puede aparecer desde el nacimiento hasta edad
avanzada. Sin embargo, es más común que se presente en mujeres en edad
reproductiva y en hombres de mediana edad. En ocasiones, niños nacidos de
madres no miasténicas presentan síntomas debido a defectos genéticos que
afectan la transmisión neuromuscular. Esto se conoce como miastenia congénita.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos la miastenia es autoinmune.
Esto significa que el sistema de defensa del cuerpo (el sistema inmunológico),
ataca y destruye por error algún componente de los tejidos de su propio cuerpo.
Las enfermedades autoinmunes tales como la MG, lupus, artritis reumatoide,
diabetes juvenil y enfermedades de la tiroides parecen ser de carácter
hereditario. En familias afectadas existe una probabilidad alta de que aparezcan
ciertos marcadores en sus tejidos. Estos están siendo utilizados como punto de
partida para desarrollar tratamientos experimentales muy prometedores para éstas
condiciones inmunológicas.
En la miastenia grave el cuerpo ataca un tipo de proteína especial que se
encuentra en la superficie de los músculos, justamente en el lugar donde éste
se une al nervio. Esta proteína se llama el receptor nicotínico de
acetilcolina. Este receptor se activa con el transmisor químico acetilcolina, el cual es liberado por el
nervio, comenzando el proceso de
contracción muscular. No se sabe aún cómo se inicia la respuesta autoinmune
en contra del receptor, pero debido a ésta, el número de receptores disminuye,
lo que ocasiona que la respuesta del músculo al nervio sea incompleta, causando
la debilidad.
Un 12% de los bebés nacidos de madres con MG autoinmune presentan un llanto
débil y no chupan adecuadamente. También tienen dificultad al respirar y se
notan flácidos. Todos éstos síntomas pueden mejorar luego de tratamiento con
anticolinesterasas o a través de cambio de sangre. Todos éstos signos de
miastenia neonatal desaparecen espontáneamente dentro de los primeros meses de
vida. No existe ningún caso bien documentado de algún niño nacido de madre
miasténica autoinmune que también presente miastenia autoinmune.
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Se presenta un paciente de sexo
masculino, de 47 años de edad, diestro, con diagnóstico de
epilepsia desde los quince años, que fue sometido a múltiples
esquemas terapéuticos. Sus crisis, según relato familiar,
consisten en desviación de la cabeza a la izquierda, seguidas de
episodios de automatismos en ambas manos, de aproximadamente 30
segundos de duración, con recuperación inmediata.
Es atendido en el Sector de Epilepsias de la División Neurología
del Hospital Ramos Mejía desde 1995. Estuvo internado en nuestro
Servicio en Setpiembre de este año para la realización de video
electroencefalograma, que permitió la observación de descargas
polipunta-onda generalizadas, y descargas espiculares frontales. La
resonancia magnética nuclear de cerebro mostró imágenes normales.
Es traído a la consulta, que resulta luego en su internación, por
cambios en la personalidad. El paciente estaba recibiendo 25 mg/ día
de diazepam, 300 mg de topiramato, 600 mg de carbamacepina y 1500 mg
de ácido valproico, medicación con la que había reducido el número
y la duración de las crisis, que inicialmente eran de alrededor de
20 por día a 1 o 2 diarias y de intensidad menor.
En el examen el paciente se encontraba alerta, bradipsíquico y
bradilálico. Exhibía trastornos en la atención y memoria (recuerda
0 ítems de 3). El examen del tono muscular reveló flexibilidad
cérea, sin signos deficitarios motores ni sensitivos. Mostraba
ataxia de miembros, con predominio en los inferiores y catalepsia.
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El intestino terminal
formado por el colon sigmoide, recto y ano se encuentra dispuesto de
tal modo que constituye una vía de expulsión, garantizando al
mismo tiempo una continencia voluntaria y selectiva.
La continencia es una
función extremadamente compleja que se mantiene gracias a la
interacción de mecanismos múltiples. No depende exclusivamente de
un mecanismo de control anorrectal en perfectas condiciones:
capacidad rectal y compliance, mecanismo esfinteriano anal, sensación
anorrectal y musculatura e inervación del suelo pélvico. Depende
también del ritmo defecatorio y de la función cólica.
Así pues, y a la
vista del gran número de factores que determinan la continencia
anal, Goligher la define como "...la capacidad de controlar
la defecación voluntariamente, distinguir la calidad del contenido
rectal y mantener un control nocturno..." .
Una parte fundamental
recae sobre la musculatura esfinteriana, compuesta por dos anillos
con diferente origen embriológico y distinta inervación. El EAI
formado por músculo liso, con inervación autónoma, mantiene una
contracción tónica. Y el EAE, con músculo estriado e inervado por
los nervios pudendos, permite una contracción rápida, voluntaria,
pero poco duradera.
Se ha comprobado la
importancia de la inervación anorrectal en el mantenimiento de la
continencia, pero el papel que en ella juega la sensibilidad, todavía
permanece sin aclarar.
La piel perianal
posee un epitelio estratificado típico, que se extiende por el
canal anal, sobre las válvulas anales, y se transforma en epitelio
columnar simple a diferente profundidad en las criptas anales.
Duthie y Gairns en
su trabajo histológico clásico, publicado en 1960, pusieron de
manifiesto la gran riqueza de receptores sensitivos en toda esta
región. La concentración de receptores aumenta desde el margen
anal hasta la región de las válvulas anales donde es máxima, y
desaparecen de forma brusca en la mucosa rectal.
Todo este entramado
sensorial interviene en repetidas ocasiones a lo largo del día en
el proceso denominado "exposición de la muestra". Ante la
llegada de gases o heces al recto se relaja el EAI, la zona presiva
del canal anal se reduce longitudinalmente, abriéndose la parte
superior y así permitiendo el contacto del contenido rectal con el
epitelio sesorial del canal anal, y la discriminación del mismo.
La situación normal
descrita puede encontrarse alterada desde el punto de vista de la
continencia y la defecación, cuyos extremos se encontrarían en los
pacientes con incontinencia fecal y con defecación obstructiva.
Existen múltiples causas de incontinencia fecal, de todas ellas
vamos a centrar nuestra atención en la llamada por Parks (1977)
Incontinencia Fecal Idiopática y la secundaria a
diabetes mellitus.
Demostrada la
neuropatía motora pudenda como mecanismo fisiopatogénico de la
incontinencia fecal, al ser el nervio pudendo un nervio mixto, cabe
esperar un déficit sensorial asociado. Ante la evidencia de que
tanto el recto como el canal anal son sensibles a estímulos eléctricos
y térmicos, se ha pensado en la posibidad de que alteraciones
sensitivas puedan influir también en la patogenia de la
incontinencia. Es previsible que ocurra lo mismo en los sujetos diabéticos,
ya que estos además tienen más riesgo de neuropatías periféricas.
Basándonos en estos
hechos, y apoyándonos en un estudio previo de nuestro grupo de
trabajo, que desarrolló y validó un método que permite
cuantificar la sensibilidad anorrectal frente a estímulos eléctricos
y térmicos, nos proponemos con este trabajo el análisis y
desarrollo de las siguientes cuestiones como objetivos fundamentales:
-
Determinar si hay
alteraciones subclínicas de la motilidad, e inervación
sensitivo-motora anorrectal en pacientes diabéticos.
-
Determinar el
grado de afectación de los mismos parámetros en pacientes con
alteraciones clínicas de neuropatía periférica, así como en
aquellos con alteraciones clínicas anorrectales.
-
Comparar los
resultados con los hallazgos en pacientes incontinentes anales
idiopáticos no diabéticos (en los que clásicamente sabemos que
tienen neuropatía), y en pacientes continentes no diabéticos.
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