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Los autores proceden al estudio retrospectivo de 50 fracturas abiertas de tibia tratadas mediante fijación externa utilizando el modelo monotubo de Cañadell. El seguimiento mínimo fue de 6 meses evaluando al paciente a su llegada con la clasificación de Gustilo: 90 varones y 30 mujeres con edad mínima de 15 y máxima de 73 años. El grupo entre 20 y 30 años fue el más frecuente. Tomamos en cuenta la etiología, lesiones asociadas, lado afectado y su localización en la tibia. Se tomó en cuenta el resultado radiológico inmediato y fueron pocos los casos que requirieron reajuste del fijador. El fijador se mantuvo de 120 a 380 días (211 media) y el tiempo promedio de consolidación fue de 8 meses. El resultado radiológico final fue correcto en 31 casos con valguización en 9 y con antecurvatum en 9. Acortamiento mayor de 4 cm en 4 casos y sólo un caso de acortamiento severo (5 cm).
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Se revisaron los expediente clínicos de 38 pacientes con displasia del desarrollo de la cadera, con un total de 46 articulaciones afectadas; las edades variaron entre 6 y 18 meses. La valoración clínica se basó en los criterios de Mackay; la valoración radiológica de acuerdo a los criterios de Severin y la necrosis avascular con los criterios de Kalamchi. A todos los pacientes se les efectuó reducción abierta mediante el abordale de Ludloff, pero en ocho de ellos se necesitó además acompañarse de un abordaje anterior y uno más en el segundo tiempo, osteotomía desrotadora.
De acuerdo a los criterios de Mackay se obtuvieron excelentes resultados en 35 caderas, ocho caderas con buenos resultados, tres con regulares y cero malos resultados. Con los resultados anteriores, podemos comentar que el abordaje medial permite el manejo de la mayoría de los factores que impiden la reducción concéntrica entre la epífisis femoral y el acetábulo, en el niño con una edad entre 6 y 18 meses; en caso de no obtenerse la concentricidad deseada, se puede agregar un abordaje anterior. Pues la obtención de una reducción perfecta traerá como consecuencia un adecuado desarrollo de dicha cadera.Más
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Actualmente, algunas de las técnicas ortopédicas requieren de un aporte óseo extra, a fin de sustituir pérdidas o como puente en las fusiones óseas. Nuestro objetivo es mostrarles la experiencia que tenemos en el uso de homoinjertos conservados en merthiolate. Hemos utilizado 70 homoinjertos, 47 con el fin de rellenar cavidades y 16 como puentes de integración. Los injertos se conservaron en merthiolate al 1:100, sin exposición a la luz solar, por un periodo mínimo de seis meses, a temperatura ambiente, extraídos de la conservación durante el acto quirúrgico receptivo y lavados con solución fisiológica, colocándolos en la zona receptora. Se logró la integración en 69 casos (98.5%) y sólo se presentó un caso de reabsorción, previo secuestro. El tiempo de integración fue entre seis meses a dos años. Se hace énfasis en dos hechos: el primero, en el éxito de la integración y segundo en que la cirugía ortopédica mexicana ha contribuido en el desarrollo e historia de este capítulo.Más
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Se efectuaron 204 artroplastias totales primarias de cadera en 184 pacientes consecutivos, desde marzo de 1984 a diciembre de 1985, en las que se insertó un componente acetabular con revestimiento poroso, hemisférico, no cementado (Harris/Galante Y, Zimmer, EE.UU.). Ciento dos pacientes fueron mujeres (55%) y 82, hombres (45%), con una edad promedio, en el momento de la cirugía, de 52 años (rango, 20-84 años). Veintiséis pacientes (30 caderas) murieron antes de los 92 meses de seguimiento y 6 (6 caderas) se perdieron para el seguimiento, con lo que quedaron 150 pacientes con 167 procedimientos disponibles para una revisión prospectiva. En 132 meses de seguimiento (rango, 92-171 meses), 4 componentes acetabulares estables requirieron revisión: uno por luxación recidivante, uno por disociación del revestimiento y dos por osteólisis acetabular. Ninguno de los componentes acetabulares fue revisado por pérdida aséptica de la solidez. Otras 6 caderas (4,2%) requirieron reoperación por problemas en el acetábulo, con fijación del componente acetabular.
En 5 caderas, se cambió el revestimiento de polietileno del componente acetabular debido a su excesivo desgaste. Dos caderas fueron sometidas a debridamiento e injerto de las lesiones osteolíticas progresivas a lo largo de la interfase. La evaluación radiológica reveló que 148 componentes acetabulares (94,3%) permanecían estables. Seis caderas mostraron una línea radiolúcida de menos de 2 mm en 4 de 5 zonas y fueron consideradas como posiblemente inestables (4,5%). Dos componentes acetabulares resultaron inestables (1,3%). Un componente acetabular migró dentro de los primeros 24 meses debido a reabsorción de la masa de un injerto de cabeza femoral. Otro componente acetabular presentó una migración tardía asociada con una osteólisis progresiva.
En un total de 23 caderas (14,6%), se observó osteólisis del acetábulo que se limitaba a la periferia de la copa o al hueso pelviano adyacente en 20 acetábulos. Tres acetábulos mostraron lisis retroacetabular. El análisis de Kaplan-Meier de presunción de sobrevida para revisión o migración del componente acetabular reveló una posibilidad del 97,7% de sobrevida del componente acetabular para una media de 11 años (intervalo de confianza [IC] del 95%, 0,99-0,96). En el análisis de Kaplan-Meier de sobrevida para revisión o migración del componente acetabular o reoperación relacionada al acetábulo, se halló una posibilidad del 93,5% de sobrevida del componente acetabular para una media de 11 años (IC 95%, 0,96-0,92).
Los resultados de la reconstrucción acetabular primaria no cementada a 11 años son por lo menos tan buenos como los informados con el uso de cemento. La mayoría de las complicaciones ocurrieron en los jóvenes y estuvieron relacionadas con la osteólisis secundaria al desgaste del revestimiento de polietileno.
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La sinovitis vellosonodular pigmentaria (SVP) es una lesión infrecuente y su localización en la cadera es excepcional. Debido a su baja prevalencia, se han publicado sólo comunicaciones de casos aislados y pequeñas series. El propósito de este trabajo es presentar cuatro casos de SVP en la cadera y revisar la literatura en forma crítica. Se estudiaron 106 casos publicados de SVP en la cadera.
De ellos, 47 (44%) no poseen la información mínima necesaria para su evaluación, que debe incluir edad, sexo, hallazgos radiográficos, tratamiento y seguimiento. Los 59 casos restantes fueron evaluados junto con los 4 nuevos, conformando 63 casos. Seis pacientes (10%) habían sido operados previamente por incorrecta interpretación de los síntomas. La punción-biopsia fue el método diagnóstico con mayor rédito. Sesenta enfermos fueron tratados mediante sinovectomía (28 casos), artroplastia (27 casos), artrodesis (3 casos), osteotomía (1 caso) y amputación (1 caso).
La prevalencia de recidiva en este grupo fue del 18%; en los tratados con sinovectomía, 36%; con artroplastia, 4% y con artrodesis, 0%. El tratamiento de la SVP en la cadera es controvertido, sin embargo, su diagnóstico precoz es requisito para un tratamiento quirúrgico conservador. Creemos que una evaluación multicéntrica permitiría obtener series numerosas y extraer conclusiones diagnósticas, terapéuticas y pronósticas con relevancia estadística.
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Se realiza un estudio retrospectivo de los pacientes con hernia discal cervical tratados quirúrgicamente en el Complejo Científico Ortopédico Internacional "Frank País", desde enero de 1985 hasta diciembre de 1994, mediante la técnica de artrodesis intersomática por vía anterior, utilizándose el injerto autólogo de cresta ilíaca por el método de Robinson-Smith. Los niveles de afección más frecuentes se presentaron en los espacios C5-C6 y C6-C7. Los mejores resultados se observaron en los pacientes entre 30 y 39 años y los pobres, en aquéllos cuyas edades oscilaban entre 40 y 59 años. Todos los pacientes del sexo masculino tuvieron resultados satisfactorios con esta técnica, mientras que en el femenino fueron pobres en la mitad de los casos. Los resultados evaluados como pobres se observaron en aquellos pacientes con un tiempo de evolución prequirúrgica entre 4 y 6 años.
La elevada frecuencia de pacientes con trastornos cervicales que refieren dolor como síntoma fundamental, nos ha llevado al estudio de una de las afecciones de esta porción de la columna, cuya diferenciación de otras enfermedades en muchas ocasiones resulta difícil: la hernia discal cervical.
Desde el punto de vista clínico esta afección se hace interesante por el cuadro sintomático tan variado que presenta y por las limitaciones que éste le impone al individuo.1
Nos disponemos a presentar un estudio retrospectivo de los pacientes con hernia discal cervical tratados quirúrgicamente en el Complejo Científico Ortopédico Internacional "Frank País".
Métodos
Se revisaron las historias clínicas de los pacientes atendidos en el Complejo Científico Ortopédico Internacional "Frank País", codificados con el diagnóstico de hernia discal cervical durante el período comprendido desde enero de 1985 hasta diciembre de 1994.
La muestra quedó constituida por los pacientes a los que se les realizó tratamiento quirúrgico (artrodesis intersomática por vía anterior); la información necesaria se tomó de las historias clínicas y se escribió en un modelo de recogida de datos.
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Se realizó un estudio prospectivo de 90 pacientes con el diagnóstico
de fractura de Colles atendidos en el Hospital "Dr. Ernesto
Guevara de la Serna" de las Tunas entre enero de 1993 e igual mes
de 1996, para lo cual se compararon cantidades similares de pacientes
inmovilizados con métodos y posiciones diferentes. Quedó demostrada
la acción deformante del músculo supinador largo en la fisiopatología
de esta fractura, así como las ventajas del yeso braquial y la
supinación en el tratamiento de ésta, al evitar la recidiva del
desplazamiento en el 93,3 % de los pacientes tratados con este método,
además de evitar la luxación radiocubital inferior, la más
frecuente de las complicaciones aparecidas con la aplicación de otros
procederes. La supinación reduce el tiempo de rehabilitación,
mejorando los resultados anatómicos y funcionales de esta lesión. Se
refleja el alto índice de redislocación en los pacientes tratados
con yeso antebraquial convencional. Al referirnos a la fractura de Colles tenemos que remontarnos a
1814, año en que fue descrita por Abrahan Colles. Se trata de la
fractura en extensión del extremo distal del radio de 2 a 3 cm de la
articulación de la muñeca, cuyo fragmento distal se desplaza en
sentido dorsal, hacia afuera, en impactación y supinación y que
puede o no tener asociada una fractura de la estiloides cubital.
Es característica de la senectud, aunque algunos autores refieren que
no resulta excepcional encontrarla en pacientes jóvenes.
El tratamiento usual de la clásica fractura de Colles ha sido
tradicionalmente, la reducción cerrada y la inmovilización con un
enyesado antebraquial.¿En
qué consiste la esencia del problema que hoy tratamos? En que un alto
porcentaje de fracturas de Colles pierden la reducción obtenida al
poco tiempo, lo que se atribuye a la disminución progresiva del
edema, a que se afloja el enyesado y a los movimientos libres del codo
y de la mano. Pero hasta ahora no se ha considerado el papel
deformante de los músculos, elemento primordial que se debe tener en
cuenta en la fisiopatología y aspectos terapéuticos de cualquier
fractura.
Al revisar una de las bibliografías consultadas, encontramos un
aval teórico muy rico en este sentido, en el cual se hace referencia
a la participación del músculo supinador largo en el desplazamiento
de esta fractura, único músculo que se inserta en el extremo distal
del radio por debajo de la fractura.
Son múltiples las opiniones acerca de la posición del antebrazo y
la muñeca a la hora de inmovilizar una fractura de Colles. Algunos
autores abogan por la inmovilización estando la muñeca
dorsiflexionada con menos redislocación; otros defienden la
inmovilización en pronación, argumentando el papel del músculo
pronador cuadrado en el desplazamiento de la fractura.
Ninguno de los métodos terapéuticos de uso corriente evitan por
completo el acortamiento del radio y la pérdida de su inclinación
volar y radial. Es nuestra intención con este trabajo
-no sólo con fines investigativos, sino también docentes y
asistenciales- persuadir a todo interesado en el tema de cómo debe
verse la fractura de Colles en el contexto de todos los demás fenómenos
fisiopatológicos y consideraciones terapéuticas de la traumatología.
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Se realizó un trabajo de correlación entre el diagnóstico clínico, el diagnóstico por complementarios (rayos X simple, TAC y mielografía) y los hallazgos transoperatorios de 100 pacientes operados por hernia discal lumbar en el Servicio de Ortopedia del Hospital General Docente "Comandante Pinares" de San Cristóbal, en el período decenal entre 1985 y 1994 (ambos inclusive). Se comprobó una alta correlación entre el diagnóstico clínico y el diagnóstico transoperatorio, una correlación adecuada entre el diagnóstico por TAC y mielografía, y también una correlación menos confiable por radiografía simple; asimismo se comprobó que los resultados finales del tratamiento quirúrgico en nuestra casuística sólo son totalmente alentadores en 1 de cada 2 pacientes, lo que reafirma el concepto de operar únicamente a pacientes en los que haya fracasado el tratamiento incruento.
El síndrome compresivo radicular lumbar (SCRL) en forma de hernia discal lumbar fue descrito en 1934 por Mixter y Barr, ésta es reconocida desde entonces como la causa más común de lumbalgia y ciatalgia,1 sin embargo en la mayoría de los casos no se produce prolapso del núcleo pulposo ni déficits sensoriales o motores.2
Dentro de los complementarios que contribuyen a realizar este difícil diagnóstico y que se utilizan regularmente se invocan los rayos X simples que aportan signos indirectos de relativa utilidad,3 también se usa la mielografía que se recomienda sólo si hay dudas y no como examen de rutina, debido a que es un proceder invasivo que proporciona resultados falsos positivos y negativos;4 de igual forma se emplea la tomografía axial computadorizada (TAC) que desde finales de la década de los años 70 se utiliza mucho por ser un examen inocuo, pero que de igual forma presenta resultados falsos positivos y negativos.5
Otros complementarios que se utilizan son la electromiografía cuyos resultados para unos no son definitorios pero ayudan en el diagnóstico3 y para otros tienen una alta positividad;6 tanto con este estudio como con la resonancia nuclear magnética, la poca experiencia en su uso no nos permite invocar sus bondades; finalmente, la discografía y la punción lumbar no son utilizadas entre nosotros como medios diagnósticos habituales.3
Los SCRL ocupan un lugar importante dentro de las entidades ortopédicas operadas en nuestro servicio,7 en ocasiones no se han encontrado signos compresivos evidentes en el canal durante el acto quirúrgico y la evolución posterior de los pacientes no ha sido la mejor, lo cual ha provocado desaliento al no hallar una justificación para la lumbociática y por ende la certeza de haber realizado una operación infructuosa a partir de un diagnóstico aparentemente certero.
En coincidencia total con quienes afirman que el difícil diagnóstico de un SCRL ha llevado a muchos cirujanos a conducir pacientes al salón de operaciones sin tener una verdadera compresión8 y con los objetivos de realizar el estudio de una muestra de pacientes operados en nuestro centro con el diagnóstico de hernia discal lumbar y de detectar si existe o no correlación entre los diagnósticos clínico, radiográfico, tomográfico y/o mielográfico, con los diagnósticos transoperatorio y anatomopatológico y finalmente, para conocer el resultado final del tratamiento quirúrgico que se empleó, fue realizado el presente trabajo.
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