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Fusión
anterior de la columna con Hidoaxapatita Coralina
El
autoinjerto se ha convertido en el Standard de oro en lo que respecta
a la fusión de la columna espinal. Sin embargo, se han
informado importantes tasas de complicaciones y morbilidad
asociadas con la técnica que utiliza cresta ilíaca. El aloinjerto ha
demostrado tener menores tasas de artrodesis.
Otros problemas
originados en el uso de autoinjertos incluyen los riesgos de
transmisión de enfermedades, costos excesivos, y la falta de
disponibilidad del aloinjerto en diferentes partes del mundo por
razones económicas o religiosas. Hemos investigado la posibilidad de
utilizar materiales no inmunogénicos en lugar de los óseos a fin de
obtener una alta tasa de fusión y eliminar al mismo tiempo la
morbilidad y complicaciones del procedimiento. Más
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La
técnica tradicional laparoscópica a la columna lumbar generalmente comprende
la insuflación con CO2 . Las dificultades con esta técnica
son: cambios hemodinámicos y fisiológicos atribuidos a la presencia
de CO2 en la cavidad abdominal, la imposibilidad de utilizar
instrumentación común por la vía anterior, problemas con la retracción
intestinal y daño potencial a los grandes vasos. Nosotros informamos
de una nueva técnica que combina una laparoscopía sin utilizar gas,
y un acceso anterior retroperitoneal a la columna lumbar.
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Luego de la oclusión aguda de una arteria cerebral, el tejido previamente
irrigado por la misma sufre isquemia que de persistir resulta en necrosis
tisular. La recanalización a tiempo de esa obstrucción restablece el
flujo sanguíneo y las necesidades metabólicas del tejido cerebral. Sin
embargo, la reperfusión tisular tardía, aún dentro del período de recuperación
neuronal, se puede asociar con procesos de extravasación sanguínea causando
hematomas con alta morbilidad y mortalidad.
El tiempo total de isquemia
tisular que tolera una reperfusión sin consecuencias hemorragíparas,
y con viabilidad para la recuperación neuronal, depende de una cantidad
de variables entre las que se encuentran el mecanismo de obstrucción,
su localización, el tipo de material obstructivo y el estado de circulación
colateral, entre otras. Las drogas trombolíticas tienen la capacidad
de lisar el trombo oclusivo con el fin de lograr reperfusión tisular
y recuperación funcional.
Bases Clínicas para el uso de Drogas Trombolíticas
De acuerdo a diversos registros prospectivos, aproximadamente el 80
a 90% de los eventos cerebrovasculares isquémicos son causados por enfermedad
aterotrombótica y embólica de vasos mayores . Estas oclusiones son las
que eventualmente se beneficiarían con el efecto trombolítico. El resto
de los eventos son debidos a enfermedad de pequeños vasos y a lesiones
hemorrágicas. La enfermedad vascular con potencial respuesta al tratamiento
trombolítico tiene su origen en la oclusión local de diferentes arterias,
con isquemia del territorio correspondiente al vaso afectado, y en fenómenos
embólicos a partir de lesiones arteriales o de enfermedad aórtica y
cardíaca. Estos procesos embólicos arterio-arteriales o aorto-cardíacos
ocluyen vasos distales al proceso patológico de orígen.
La aterotrombosis afecta localmente a la bifurcación carotídea y al
origen de las arterias vertebrales en los segmentos extracraniales y
al sifón carotídeo, el segmento M1 de la arteria cerebral media (ACM),
la unión vértebro-basilar y menos frecuentemente al segmento P1 de la
arteria cerebral posterior (ACP), en los segmentos arteriales intracraniales.
El advenimiento de nuevas tecnologías que permiten la evaluación no
invasiva de las arterias intracraniales, ha revelado una incidencia
de aterotrombosis focal mayor de la conocida previamente (2,3). Sin
embargo, la causa más frecuente de oclusión de la ACM, ACA y ACP, es
embólica a partir de la bifurcación carotídea, las arterias vertebrales
o aorto-cardiogénica.
El conocimiento de esta patofisiología tiene implicancias clínicas
importantes ya que es una variable predictiva de la potencial respuesta
al tratamiento trombolítico. Diversos estudios han mostrado una mayor
respuesta trombolítica en los procesos oclusivos de las ramas de la
ACM, contra una menor frecuencia de lisis efectiva cuando el vaso ocluído
es la arteria carótida interna, la arteria vertebral o la arteria basilar
.
Independientemente del diámetro del vaso ocluído, el material oclusivo
también incide en el grado de respuesta. Cuando el proceso es debido
a progresión de una placa de ateroma -caso frecuente en la carótida
interna- ésta es menos sensible a los efectos del trombolítico. Otros
constituyentes como calcio o tejido mixomatoso también tendrán baja
respuesta, mientras que un trombo fresco de fibrina será el blanco más
propicio para el efecto de las drogas trombolíticas. Por otro lado,
la patofisiología del proceso cerebrovascular también explica el grado
de respuesta en base al estado circulatorio intracraneal.
En un extremo, la administración intra-arterial, peri o intra-trombo,
ha mostrado una mayor incidencia de recanalización arterial que la administración
intravenosa. Esto puede ser secundario no sólo al efecto mecánico que
se logra sobre el trombo por medio de la manipulación del catéter, sino
que también influye el mayor acceso directo que tendrá la droga trombolítica
a la superficie del trombo. La eficacia de la administración intravenosa
también dependerá de la localización del segmento arterial ocluído.
Por ejemplo, la oclusión cercana al tope de la arteria carótida se asocia
frecuentemente a progresión del trombo que puede comprometer al origen
de la arteria comunicante posterior, arteria oftálmica, origen de la
ACM, origen de la arteria cerebral anterior y extensión hacia el segmento
cervical extracranial.
De esta forma, el acceso anterógrado o retrógrado del trombolítico hasta
el trombo estará significativamente limitado. Cuando la oclusión afecta
al segmento M4 (ramas corticales) de la ACM, el trombolítico accedera
al segmento arterial afectado tanto a través de la circulación carotídea
como desde las colaterales leptomeníngeas.
Conversión Hemorrágica del Infarto Isquémico
La transformación hemorrágica del infarto cerebral isquémico, es probablemente
la complicación más temida. Para interpretar esta complicación en el
contexto del uso de drogas trombolíticas y sus potenciales complicaciones
hemorragíparas, se debe comprender primero la transformación hemorrágica
en la historia natural del infarto cerebral. De acuerdo a si los estudios
analizados son por neuroimágenes o anatomo-patológicos, la incidencia
de conversión hemorrágica del infarto cerebral varía entre el 10% y
el 70% (6). La base patofisiológica de esta complicación muestra que
la recanalización arterial espontánea observada en los primeros días
posteriores a la oclusión arterial, resulta en la reperfusión de vasos
que al haber estado afectados por una isquemia prolongada, permiten
el pasaje de sangre hacia el tejido infartado.
La aparición del fenómeno hemorrágico dependerá del tiempo en que ocurra
la recanalización, pudiendo observarse entre las primeras horas, hasta
dos o tres semanas posteriores al infarto cerebral. Estudios angiográficos
recientes han desafiado esta teoría al mostrar la ocurrencia de conversión
hemorrágica asociada a oclusión arterial persistente.
Esto sugiere que vías colaterales alternativas pueden participar en
las complicaciones hemorrágicas. Lo que tiene fundamental importancia,
es la diferenciación de las transformaciones hemorrágicas en infartos
hemorrágicos y hemorragias parenquimatosas. Los infartos hemorrágicos
son hallazgos neuroradiológicos incidentales en el control secuencial
del infarto cerebral.
En ellos, la acumulación hemorrágica se limita al área infartada -al
comprometer territorio ya dañando no agravan el cuadro clínico-, en
general el componente hemorrágico tiene un aspecto radiológico heterogéneo,
serpinginoso y sin efecto de masa, pudiendo comprometer extensas áreas
del cerebro (v.g. transformación hemorrágica de un infarto del territorio
completo de la ACM). La particularidad más importante del infarto hemorrágico
es que sólo excepcionalmente se asocia con deterioro clínico y por lo
tanto su descubrimiento no requiere de ninguna evaluación, cambio de
tratamiento o seguimiento específicos.
La hemorragia parenquimatosa, por otro lado, consistentemente se asocia
a un deterioro clínico del paciente afectado. Neuroradiológicamente
se observa como una acumulación densa y homogénea de un hematoma que
se extiende por fuera de los límites del infarto cerebral y que en general
ejerce efecto de masa. Estos dos últimos factores son los que explican
el deterioro clínico. La consideración de estas diferencias tiene implicancias
prácticas al tomar decisiones terapéuticas cuando se evalúan las complicaciones
hemorrágicas del tratamiento trombolítico, ya que el infarto hemorrágico
representa una transformación sin consecuencias de morbilidad o mortalidad
en el curso de un infarto cerebral.
Drogas Trombolíticas
A pesar de que en diferentes estudios se han usado diversas drogas
trombolíticas, mencionaremos fundamentalmente las propiedades del t-PA,
por ser la única droga aprobada para el uso en enfermedad cerebrovascular.
Esta droga fue identificada en la década del 40, pero fue aislada hacia
finales de los 70 y analizada en cultivos celulares de melanoma humano
(9). Más recientemente, y gracias a la clonación del gen de t-PA humano,
se han podido sintetizar mayores cantidades de t-PA con las técnicas
de recombinación del ADN. El t-PA y la uroquinasa de cadena única activadora
del plasminógeno (SCUPA) o pro-uroquinasa, son los únicos activadores
endógenos del plasminógeno. El t-PA es una proteina fibrinolítica de
aproximadamente 500 aminoácidos sintetizada naturalmente en las células
endoteliales vasculares desde donde pasa al torrente sanguíneo. El tiempo
de vida media del t-PA es de 2 a 8 minutos y es metabolizada fundamentalmente
por el hígado.
Este corto tiempo de vida media, su especificidad por la fibrina y falta
de antigenicidad, constituyen sus principales ventajas farmacológicas
(10). De esta forma, el t-PA actúa casi exclusivamente sobre el plasminógeno
unido a la fibrina de un trombo, generando plasmina que causa degradación
de fibrina. Los fragmentos de fibrina resultantes interfieren con la
multimerización de la molécula de fibrina contribuyendo a la desestabilización
del trombo.
En el caso de los activadores del plasminógeno uroquinasa y estreptoquinasa
que no son trombo específicos, se agrega al proceso descripto, generación
de plasmina circulante y una depleción de fibrinógeno y Factores de
la coagulación II, V y VIII, causando un estado "trombolítico sistémico".
Esto contribuye a limitar la propagación del trombo, pero también puede
favorecer la aparición de hemorragias sistémicas. La alfa-2-antiplasmina
y alfa-2-macroglobulina contrarrestan los efectos de la plasmina circulante
manteniendo así un equilibrio del sistema fibrinolítico. El inhibidor
de los activadores del plasminógeno (PAI) es el otro moderador del sistema
fibrinolítico al inhibir el t-PA.
.Sin embargo, estos sistemas no tienen una efectividad suficiente como
para inhibir el efecto de sustancias trombolíticas administradas con
fines terapéuticos (9). Más
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El diagnóstico de hemorragia intracerebral (HIC) se basa en una serie
de características clínicas que identifican las diferentes localizaciones
en el tejido cerebral. Éstas sediscuten en detalle en otra sección de
este congreso. Esta presentación se limitará a la discusión de la patogenia,
diagnóstico radiológico, y tratamiento de la HIC.
Patogenia de la HIC
La patogenia de la HIC incluye una alta proporción (45-65%) de casos
debidos a los efectos de la hipertensión arterial crónica. Estos casos
generalmente ocurren en individuos de edad media, con hipertensión sistólica,
diastólica, o combinada. La localización de la hemorragia favorece los
ganglios basales y el tálamo, pero una proporción importante ocurre
en la substancia blanca subcortical (hemorragias "lobares").
La predilección de las hemorragias hipertensivas por estas áreas se
debe a la presencia de lesiones arteriales (lipohialinosis, microaneurismas,
ambas secundarias a hipertensión crónica) de las arterias perforantes
con máxima representación en esas zonas del parénquima cerebral. Aunque
la hipertensión es un mecanismo predominante, especialmente en individuos
de edad media y de raza negra, hay una fracción importante de las HICs
que se deben a mecanismos no primariamente hipertensivos, que se discuten
a continuación.
| Tabla 1: Causas no-hipertensivas
de HIC |
- Angiopatía cerebral amiloidea
- Malformaciones vasculares
- Tumores intracraneanos
- Anticoagulantes
- Agentes trombolíticos
- Drogas simpatomiméticas
- Vasculitis
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Angiopatía Cerebral Amiloidea
Esta entidad, también llamada "angiopatía congofílica",
afecta selectivamente los vasos cerebrales, sin compromiso de estructuras
vasculares fuera del encéfalo. El amiloide se deposita en las capas
media y adventicia de arterias pequeñas y de mediano diámetro, como
también en venas, de la superficie cortical y leptomeninges. Los vasos
afectados se tiñen con Rojo Congo, y muestran bi-refringencia bajo luz
polarizada.
Esta
angiopatía se relaciona a la edad avanzada, con un incremento lineal de su frecuencia con
el avance de los años, de manera que constituye una causa importante de HIC en
ancianos. Sus
principales consecuencias clínicas son la HIC, la enfermedad de Alzheimer, y una
leucoencefalopatía. La HIC secundaria a angiopatía amiloidea ocurre preferentemente en
localizaciones lobares debido a la ubicación cortical y leptomeníngea de la
angiopatía,
lo que también condiciona una frecuente extensión al espacio subaracnoideo
adyacente. Las hemorragias
son de tendencia recurrente, a veces con episodios múltiples en períodos de meses o
años, un aspecto que diferencia esta forma de HIC de la secundaria a la
hipertensión,
que es raramente recurrente.
Es posible que una fracción de las HICs en individuos con
angiopatía amiloidea sean precipitadas por procedimientos neuroquirúrgicos, traumatismo
encéfalocraneano, y uso de agentes anticoagulantes y fibrinolíticos. Aparte de estas
posibles asociaciones, el mecanismo de sangramiento en la angiopatía amiloidea puede
estar relacionado a la presencia concomitante de otras lesiones vasculares como
microaneurismas o degeneración hialina de la pared vascular.
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