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La exacerbación de ciertos
síntomas clínicos durante fases específicas del ciclo menstrual es un fenómeno bien
estudiado.
Este artículo reexamina los efectos del ciclo menstrual en diversas condiciones médicas,
incluyendo migraña menstrual, epilepsia, asma, artritis reumatoidea, síndrome de colon
irritable y diabetes. Se discute el rol de la supresión médica de la ovulación mediante
el uso de agonistas del factor liberador de gonadotrofinas para la evaluación y
tratamiento de éstos desórdenes. Para este fin se hizo una búsqueda en las
publicaciones anteriores via MEDLINE, o a partir de bibliografías o artículos
relevantes, examinando todos los artículos de revisión, historias clínicas y series, y
pruebas terapéuticas.
Se prestó especial atención a los artículos vinculados con el diagnóstico y
terapéutica de las exacerbaciones clínicas en relación al ciclo menstrual en los
procesos patológicos. Las modificaciones bruscas en las concentraciones de los esteroides
ováricos circulantes en el momento de la ovulación y en la etapa premenstrual pueden
influir en los cambios asociados al ciclo menstrual.
Un registro cuidadoso de los síntomas en el calendario menstrual permite la
identificación de aquellas mujeres con alteraciones cíclicas durante el proceso de la
enfermedad. La supresión médica de la ovulación, mediante el uso de agonistas de la
hormona liberadora de gonadotrofinas, puede ser de importancia para el diagnóstico y
tratamiento de exacerbaciones severas y recurrentes relacionadas con el ciclo menstrual. Más
información...
A lo largo de las ultimas décadas se han realizado relevantes
progresos diagnósticos en Medicina Materno-Fetal. No es infrecuente
que las nuevas aportaciones sean motivo de controversia en distintos
aspectos, particularmente los relacionados a su incorporación en la
práctica clínica. Ello es aun más cierto cuando se considera su
aplicación en programas dentro de los sistemas nacionales de salud,
sometidos a escrutinio para valoración de aplicabilidad y
coste-efectividad o eficiencia.
La actual facilidad de acceso electrónico a la información
científica tiene sin duda enormes ventajas, pero puede ser también
una fuente de confusión para el profesional a la hora de
interpretar datos no coincidentes de distintas y numerosas
publicaciones. Por otra parte, la posibilidad de acceso a dicha
información por las mismas pacientes, o la que con frecuencia se
les proporciona de forma incompleta, sesgada o confusa en los medios
de información públicos habituales, exige del profesional contar
con argumentos coherentes para su diálogo con las pacientes.
Las sociedades científicas intentan facilitar la labor del
clínico analizando periódicamente los aspectos de incorporación
más reciente o de otros que merezcan una nueva evaluación mediante
un análisis de la información y experiencia acumuladas, con
frecuencia agobiante, dispersa y no siempre coincidente, para una
valoración ponderada. La iniciativa sin duda acertada de la SEGO,
como sociedad científica, trata de ofrecer documentos de consenso
que no tienen otra finalidad que la de simplificar la actuación del
clínico, unificando criterios de aplicación de distintas
tecnologías y estrategia en los accesos diagnósticos o
terapéuticos.
Ello no es tarea fácil y en ningún caso debe interpretarse como
una inducción dogmática a la actuación clínica individual, sino
trasladar opiniones de consenso contrastadas en debate por grupos de
especialistas, representativos de diversos centros y áreas
geográficas o socio-sanitarias, para la aplicación de estrategias
diagnósticas y de tecnologías actualmente asequibles de uso
común, aceptando que el consenso universal en la práctica médica
es probablemente utópico. Hasta qué punto estos documentos puedan
ser utilizados en el ámbito jurídico como referentes legales de
buena praxis es un aspecto en el que sin duda la SEGO asume su
responsabilidad.
En el presente documento se analiza uno de los aspectos del
diagnóstico fetal que mayor difusión ha alcanzado en los últimos
años como es la detección prenatal precoz de anomalías
cromosómicas. Más
información...
La prolactina (PRL) es una hormona
proteica filogenéticamente emparentada con la hormona del crecimiento y con la
somatomamotropina coriónica o lactógeno placentario. La PRL se produce en la
adenohipófisis, un órgano de origen ectodérmico, y en el endometrio, un tejido de
origen mesodérmico.
La PRL circulante en sangre tiene diferentes características y peso molecular, existiendo
formas fosforiladas-glicosiladas, deamidadas y sulfatadas. La proporción de estas
variedades de PRL cambia en condiciones normales y patológicas. La participación
de la PRL humana en los fenómenos reproductivos, sus variaciones y mecanismos de
regulación básicos se conocen desde hace 25 años (Robyn et al. 1973; Pérez-López y
Robyn 1974). Sin embargo, se conoce muy poco de los mecanismos que regulan la secreción
de PRL endometrial.
Las células hipofisarias productoras de PRL están sometidas al control hipotalámico,
fundamentalmente inhibitorio, ejercido a través de la dopamina vertida al sistema porta
hipofisario. Aparte del efecto inhibitorio de la dopamina, el ácido gamaminobutírico
(GABA) también actúa directamente sobre los lactotropos a través de receptores
específicos, aunque el efecto inhibidor se estima que es una 100 veces menos efectivo que
la acción de la dopamina.
Entre las sustancias estimulantes de la secreción de PRL hipofisaria hay que considerar
los estrógenos, la hormona liberadora de tirotropina (TRH), la serotonina y las
sustancias pertenecientes a la familia del péptido vasoactivo intestinal. En la figura 1
se presentan los cambios en los niveles plasmáticos de PRL en relación con otras
hormonas que participan en la regulación del ciclo ovulatorio de la mujer. Cambios
hormonales diarios a lo largo del ciclo menstrual en un grupo de mujeres con ovulación
normal: en la parte superior prolactina y LH, en el medio estrógenos, y en la parte
inferior FSH y progesterona.
El embarazo humano cursa con hiperprolactinemia materna progresiva que se acompaña de
aumento de tamaño de la silla turca, modificaciones que se deben a la acción directa de
los estrógenos sobre la hipófisis. Los niveles de PRL en el líquido amniótico son muy
superiores a los detectados en el compartimento materno, con descenso conforme avanza la
edad gestacional. En el puerperio existen fases de hiperprolactinemia refleja tras la
estimulación del pezón.
La hiperprolactinemia es un trastorno más frecuente en las mujeres que en los hombres,
posiblemente porque los trastornos acompañantes, tales como amenorrea, esterilidad y
galactorrea, causan más preocupación que los síntomas que suelen aparecer en el varón
y que son de escasa intensidad y de latencia prolongada. Más
información.. .
El tratamiento del cáncer de mama incluye por una parte el tratamiento local
sobre la región mamaria, y en segundo lugar el tratamiento general que gira en torno a la
quimioterapia y hormonoterapia según el tipo de tumor, el grado de extensión, la edad,
la situación menopáusica y demás circunstancias de salud general de la mujer.
El tratamiento local del cáncer de mama se basa en la cirugía con la finalidad de
eliminar el tumor mamario y el tejido grasolinfático de la región axilar para determinar
si ha habido extensión fuera de la glándula mamaria. De acuerdo al caso, se pueden
efectuar dos tipos de intervenciones: cirugía conservadora o mastectomía radical. La
llamada "cirugía conservadora" consiste en la extirpación del tumor mamario y
en el tejido grasolinfático de la axila correspondiente. Para obtener los mejores
resultados el tumor se debe extirpar en bloque con el fin de evitar la contaminación del
tejido mamario sano por las células cancerosas.
La limpieza de la región axilar debe ser exhaustiva para obtener un número suficiente de
ganglios para un correcto estadiaje de la enfermedad. Conseguir estos resultados requiere
una gran habilidad: cuanto más pequeña sea la incisión mejor resultado estético y
mayor dificultad técnica.En aquellos casos con tumores voluminosos y otras circunstancias
especiales será necesario proceder a la "mastectomía radical" que consiste en
la extirpación completa de la mama y el tejido grasolinfático axilar
correspondiente.
Existen diferentes tipos de operaciones para conseguir los mismos resultados: la de
Halsted, Patey, Madden, etc. En los casos en que se deba extirpar la mama en su totalidad,
el procedimiento de Madden es el más adecuado y el que se acompaña de menos
complicaciones y menor limitación funcional. El resto de procedimientos se realizarán
sólo cuando exista invasión muscular.
Genes y cáncer de mama:
En el origen del cáncer
participan dos tipos de genes: los protooncogenes y los genes supresores del tumor. El
desarrollo del cáncer requiere la producción de varias alteraciones génicas sucesivos
en una célula determinada.
La mayoría de las alteraciones corresponden a cambios somáticos y en menor medida afecta
a los procesos germinales. Cuando se alteran estos genes que participan en la
proliferación celular, diferenciación y muerte celular normal, se inicia el crecimiento
tumoral. Otros genes participan de forma indirecta en el fenómeno de malignización y
completan, así, la acción de los oncogenes y genes supresores en ciertos estadios de la
carcinogénesis.
Otros son genes que codifican los factores de crecimiento y angiogénesis, genes
implicados en la diseminación metastática, incluyéndose aquí los que codifican las
proteasas y las proteínas de adhesión, y, por último, los genes que afectan a la
quimiorresistencia
El consumo materno de drogas repercute directamente sobre el compartimento fetal, aunque
existía una gran controversias sobre el efecto de la cocaína. Mediante el estudio del
cociente surfactante/albúmina (S/A) en el líquido amniótico de 563 embarazadas se ha
podido demostrar que las mujeres que consumen cocaína durante el embarazo tienen el doble
de probabilidades de tener un perfil pulmonar fetal maduro antes del término.
Como conclusión colateral se comprobó que el tabaco también acelera la maduración
pulmonar fetal.
Cerca de un 10 % de mujeres desarrollan depresión en el postparto, la mayoría de las
cuales se resuelve espontáneamente en los primeros 6 meses. Pero hay un 25 % que siguen
deprimidas al año. El tratamiento con estrógenos permiten mejorar de una forma efectiva
este serio problema de algunas puerperas. Más información... (en español)
El término menorragia se aplica a
la menstruación cuya duración supera los 7 días o una pérdida sanguínea superior a
60-80 ml. Afecta aproximadamente al 15-20 % de las mujeres en algún momento de su vida.
Durante mucho tiempo el tratamiento ha consistido en la histerectomía. Sin embargo, hasta
en la mitad de los úteros obtenidos no existen datos patológicos que justifiquen la
hemorragia. En la actualidad se intentan planteamientos alternativos a la extirpación
uterina, con el objetivo de preservar el útero y resolver los síntomas de forma
satisfactoria para la mujer.
Entre las causas orgánicas se puede incluir la infección y los trastornos de la
coagulación como la enfermedad de von Willebrand, las carencias de protrombina, factores
II, V, VII, y IX deficiencies, y la púrpura trombopénica idiopática y la tromboastenia.
Estas alteraciones tiene diferentes formas de presentación que pueden pasar
desapercibidas hasta llegar los años reproductivos, cuando se manifiestan como
alteraciones menstruales.
Enfermedades renales y hepáticas pueden manifestarse con ausencia de la menstruación o
amenorrea y otras veces en forma de menorragia. Enfermedades hepáticas crónicas
secundarias al alcoholismo y a otras causas pueden alterar la producción de factores de
coagulación y la capacidad de metabolizar hormonas como los estrógenos dando lugar a
menorragia.
La menorragia puede aparecer como consecuencia de determinados tratamientos, entre los que
cabe mencionar los citostáticos, anticoagulantes, hormonas esteroides, y el dispositivo
intrauterino.Más
información...
(en castellano)
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